*Invitamos a nuestros columnistas a contarnos de las ideas que defendieron y que, ahora, perciben de manera diferente. Esta columna es parte del especial #CambiéDeOpinión.
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Desde hace varios años ya la consigna de que “lo personal es político” hace carrera en los círculos feministas y/o de izquierda. Lo que empezó como una tesis que pretendía arrojar luz sobre las variantes que condicionan el relacionamiento entre sujetos, se fue convirtiendo de a poco en una premisa utilizada como excusa para evadir la complejidad y el variopinto del pensamiento humano.
Yo no era la excepción, hace algunos años creía que la coherencia política desencadenaba inexorablemente en el cerramiento relacional. Las personas que pensaran distinto a mí no debían ocupar espacios preponderantes en mi vida privada. En el mundo político están fuertemente arraigadas las nociones de amigo/enemigo y yo las compartía y defendía con firmeza. A pesar de que siempre he creído en el respeto y en el intercambio de ideas, también pensaba que la intimidad estaba reservada para quienes compartieran mi forma de ver y entender el mundo puesto que eran mis ideas las regentes del resto de mi vida. Esta pretendida cohesión ideológica sólo construyó cámaras de eco en donde el intercambio de opiniones y experiencias era cada vez más limitado. Es innegable que cuando no hay grietas que permitan la entrada de lo diferente la cotidianidad se va llenando de opacidad. Los debates circulares y las mismas respuestas a los mismos cuestionamientos terminaron por agotarme mental y espiritualmente. Hace ya algunos años empecé a explorar la posibilidad de asomarme a la forma de pensar, vivir y expresarse de personas casi que diametralmente distintas a mí. Por curiosidad, pero también porque en un mundo que nos impone el sectarismo la rebeldía radica en atreverse a acercarnos al otro, dejar de verlo como un oponente y explorar capa por capa lo que lo compone. Me he encontrado con grandes aprendizajes, amistades y momentos luminosos, y ni por un segundo he dejado de creer en lo que creo, por el contrario, lo he afianzado.
Por supuesto que sigo pensando que lo político atraviesa lo personal, tal vez el cambio de imaginario es frente a lo que es político, ya no creo que lo componga una racionalidad infalible y terca desde la que se puede observar con desdén a los otros, ahora creo que en el cuidado, la ternura y en el encuentro hay política. Los afectos con gente distinta no desdibujan los principios de nadie, por el contrario, permite contrastarlos, expandirlos, ponerlos a prueba y conversarlos. Cambié de opinión, es la cercanía y no los abismos los que pueden salvar al mundo.