Hace algunos días, Salvatore Mancuso brindó declaraciones ante audiencia pública citada por la Jurisdicción Especial de Paz. Fueron cuatro sesiones en las que el exjefe paramilitar relató detalles del accionar criminal de las AUC en el país. Su objetivo es ser aceptado en la JEP después de que este tribunal le hubiera negado el ingreso en una solicitud pasada. Esa decisión fue apelada y ahora la magistratura está examinando nuevos elementos de juicio en el caso del solicitante. Para aterrizar en la JEP, Mancuso debe comprobar que sus actuaciones estuvieron íntimamente ligadas y coordinadas con la fuerza pública; solo así el tribunal de paz tendría competencia para juzgarlo.
Después de extensas jornadas de escucha, el país tuvo variadas reacciones. Pintorescas fueron las de quienes sostuvieron que esas declaraciones no son nuevas y, por lo tanto, no verídicas. Es cuando menos curiosa la mención al refrito como argumento para desvirtuar lo sostenido ante la JEP por Mancuso, y digo curiosa porque es una tesis que no ayuda a deslegitimar el testimonio; por el contrario, lo reviste de coherencia. Lo grave sería que el declarante hubiera emitido relatos opuestos a lo dicho en el pasado y delicado es que muchos no comprendan la pertinencia actual de su testimonio. Quienes sostienen este razonamiento revelan que observan la historia y la verdad como acontecimientos que suceden en una única ocasión y que van perdiendo relevancia cuando dejan de ocupar titulares. Hoy, cuando se empiezan a desentrañar los recovecos de la guerra, son urgentes y necesarias este tipo de comparecencias de todos los actores involucrados en el conflicto, las consecuencias de no haberlo hecho en el pasado cobran factura en la actualidad: víctimas que siguen a la espera de ser reparadas, un país aún buscando caminos de paz después de décadas y grupos de empresarios, militares y políticos que se sienten cobijados por un halo de impunidad que los exime de rendir cuentas.
Si Salvatore Mancuso es o no aceptado como compareciente en la Jurisdicción Especial de Paz es una decisión que deben tomar en derecho los juristas encargados de analizar los nuevos elementos de juicio expuestos en las audiencias. Sin embargo, nos queda la tarea de aterrizar estas declaraciones, contrastarlas, examinarlas y comprenderlas en su profundidad y complejidad. Esto es lo que permiten tribunales transicionales como la JEP. A ese trabajo colectivo debe apuntarle Colombia. Hay que decirlo con claridad: la paz, la verdad y la reconciliación dependen de refritos como los de Mancuso.