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La sustitución es el cambio

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Cristina Carrizosa Calle
24 de octubre de 2024 - 05:05 a. m.
“El escenario se presenta propicio para que el Gobierno saque adelante la política de sustitución de cultivos”: Cristina Carrizosa Calle.
“El escenario se presenta propicio para que el Gobierno saque adelante la política de sustitución de cultivos”: Cristina Carrizosa Calle.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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A raíz de la propuesta del presidente Petro que plantea la compra estatal de las cosechas de hoja de coca a los cultivadores de El Plateado, se ha abierto un debate nacional sobre los pros y los contras de esta idea, la cual ya había sido sugerida previamente por el expresidente Uribe.

Independientemente de ese análisis, que dejaré a los expertos, queda claro una vez más que todas las políticas antidrogas han fracasado, lo cual es una obviedad, y lo poco que hemos aprendido sobre las distintas recetas para combatir el problema de los cultivos ilícitos. Cincuenta años hace de la llamada bonanza marimbera que abrió la puerta a la penuria del narcotráfico en Colombia y aquí seguimos, como en el día cero, ensayando fórmulas para que los campesinos logren sobrevivir lícitamente, lo que, en últimas, es la clave del problema.

El último informe de la ONU revela que el número de hectáreas de hoja de coca cultivadas ha alcanzado niveles nunca antes vistos. Unido a esta posible sobreoferta, el precio de la hoja de coca ha tocado mínimos históricos en los últimos meses, según un análisis reciente de la Fundación Ideas para la Paz. Como resultado, los campesinos cocaleros no están ganando el salario mínimo que se estimaba que lograban en el pasado.

Las razones son varias: con anterioridad a la firma del Acuerdo de Paz con las FARC, estas regulaban el mercado de la hoja de coca y actuaban prácticamente como el único intermediario entre los campesinos y los narcotraficantes. Los campesinos debían solo atender sus cuatro cosechas anuales, las cuales eran recogidas y pagadas puntualmente. Tras la firma del Acuerdo, desapareció el comprador seguro y comenzaron las disputas territoriales entre el ELN, las disidencias de las FARC y las autodefensas. El aumento de la violencia, la falta de garantías y el encarecimiento de ciertos insumos dieron paso a lo que los expertos han denominado la “crisis de la coca”. A pesar de estas dificultades, la siembra entre los campesinos no ha disminuido ya que carecen de alternativas y se ven obligados a transar por lo que dicta el mercado en estas zonas de conflicto.

El pasado 15 de octubre, el Gobierno estableció un comité operativo interinstitucional que articula la acción gubernamental relacionada con los proyectos y estrategias de sustitución de cultivos y el desarrollo de economías lícitas, al tenor de la reforma agraria y el desarrollo rural. Es de suponer que este comité busca acelerar el cumplimiento del Programa de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito - PNIS, emanado de los Acuerdos de Paz que, sin embargo, no ha avanzado como debiera desde sus primeras fases.

Si el campesino no se está viendo beneficiado, si la insistencia en el cultivo está dada solamente por la garantía de un ingreso constante y seguro, si no existe por parte del campesino arraigo cultural hacia la siembra de la coca, entonces están dadas las condiciones y el escenario se presenta propicio para que el Gobierno, el actual y los próximos, sin más excusas y con sostenida ejecución, saquen adelante la política de sustitución de cultivos que hasta el día de hoy no ha logrado éxito.

Empiezan a oírse estridentes voces de campaña electoral. Ojalá los candidatos, sobre todo los de la derecha, reconozcan la necesidad de dar continuidad a esta política que prioriza la lucha contra el narcotráfico, y la consecuente búsqueda de la paz, a partir del campo y no desde los aviones de aspersión.

Cristina Carrizosa Calle

Por Cristina Carrizosa Calle

Abogada egresada de la Universidad de los Andes, con experiencia de más 25 años como consultora y asesora tanto en el sector público como en el privado. Fue asesora de la Presidencia de la República, diplomática y directora de organizaciones que emprenden proyectos de alto impacto social. Columnista y panelista radial
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alberto(26571)24 de octubre de 2024 - 11:16 p. m.
Mucho más acertado fue el análisis de Yesid Reyes en su columna. Con soluciones lineales no se puede combatir problemas complejos.
Eduardo(7668)24 de octubre de 2024 - 09:14 p. m.
Mucho antes de que cultivara coca para nutrir el negocio Colombia ya era la capital mundial de las drogas con el eje Medellín-Pereira-Cali. La pasta era traida de Perú y Bolivia. Habría que preguntarse entonces por qué Colombia ha sido tierra fértil para el tráfico. Ves este libro que trabaja unos 20 archivos colombianos y norteamericanos: https://www.planetadelibros.com.co/libro-conexion-colombia/331013
Felipe(94028)24 de octubre de 2024 - 07:16 p. m.
1) Ya no hay campesinos llevando en mulo voluminosas cargas de hoja, sino que elaboran pasta base, mucho mejor pagada y fácil de transportar en moto. 2) Narcoguerrillos y narcoparacos no renunciarán al negocio, tocará combatirlos a bala, dominan las zonas cocaleras y no permitirán la sustitución a unos campesinos que, además, tampoco quieren ganar mil veces menos con la papa que con la coca. 3) El gobierno no puede comprar toda la coca, una solución para el Micay no es aplicable a todo el país.
Felipe(94028)24 de octubre de 2024 - 06:53 p. m.
La derecha asusta con incendiarios mensajes catastrofistas. Petro asusta amenazando con sacar a sus huestes a las calles para montar una constituyente al margen del Congreso, o sea, fuera de la ley. Si unos son nefastos para el país, el petrismo significa lo mismo o peor.
HENRY(19574)24 de octubre de 2024 - 01:49 p. m.
Cristina. A la ultraderecha y derecha de este solo les interesa incendiarlo para aprovecharse de esa situación y así seguir gozando de tantos privilegios. No espere que el matarife y sus secuaces y aliados piensen en los problemas de los más desprotegidos. Su insensatez y sobre todo su avaricia les impide cambiar su táctica obstrucionista
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