Nada para mí más importante hoy que destinar este espacio a una guerra que, aunque no nos confronta, mata a millones de mujeres alrededor del mundo.
Hoy se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Según la OMS, en el 2020 una mujer murió cada seis minutos por cáncer de mama y en Colombia 12 mueren diariamente, siendo el cáncer de mayor incidencia entre nosotras, con un 29,7 % del total de casos. En el 2022, 88.842 mujeres nos reportamos enfermas de este mal —el equivalente al 10 % de un municipio como Soacha— y se registraron 4.353 muertes. En Colombia, el de seno es la primera causa de incidencia y mortalidad por cáncer entre las mujeres. Para el 2030 se espera un aumento del 30 % de nuevos casos, dato estrechamente relacionado con el aumento de la población en las ciudades y lo que esto supone en términos de malos hábitos, estrés, entre otros factores.
La OMS establece que hasta un 50 % de las muertes podrían evitarse. Un cáncer de mama detectado precozmente es curable en el 97 % de los casos. Además, la detección temprana le significa al sistema una tercera parte del costo de un cáncer de cuarto grado. Se trata, por tanto, de un problema grave de salud pública que requiere fortalecer las políticas públicas en salud, articulándolas con todos los sectores de la sociedad.
El sector privado y la sociedad civil hacen lo suyo, pero no basta la cinta rosa que ayuda a llamar la atención. Hay que decir que el Plan Nacional de Desarrollo contiene políticas de prevención en salud claves para este problema y que el Instituto Nacional de Cancerología hace una labor invaluable en términos de investigación, atención y formación del talento humano. Y aquí la clave: educación.
En lo personal, fui una privilegiada, no por haber contado con una EPS que costeara mi cirugía y una prepagada que diagnosticó a tiempo, sino por haber tenido acceso a información. Tal vez, una mujer en el Atlántico, departamento con mayor incidencia, no habría tenido la misma suerte. Pero el tema educativo es a todo nivel. Por ejemplo, solo alrededor de 10 de las 63 facultades de Medicina tienen una cátedra de oncología integrada. Los estudiantes se gradúan sin saber, por ejemplo, que la legislación establece que toda mujer mayor de 50 años puede exigirle al sistema una mamografía cada dos años. Deberían sugerirla a la paciente en cada consulta, sin importar la especialidad. Incluso a partir de la educación básica es clave sembrar una cultura de autocuidado que los niños y las niñas puedan replicar a su vez en sus hogares. Según el doctor José Joaquín Caicedo, cirujano mastólogo del CTIC y fundador de la fundación AMESE, dedicada a la prevención, “la única arma eficiente contra esta guerra es el diagnóstico precoz a partir de la educación”.
Nota. El presidente ha intentado lograr eco en el contexto global con discursos grandilocuentes en favor de la paz y la salvación de la galaxia que, hasta hace unos días, eran solo ridículos. Pero lo logró, a tal punto que el mismo Hamás lo presenta como su aliado. Comprende que la diplomacia es la voz del Estado que representa, pero prefirió quedarse con la propia que vislumbra al Petro de los 80, para vergüenza de toda la nación.