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Incluso antes de asumir la Presidencia, el presidente Abelardo de la Espriella había anunciado el restablecimiento de relaciones con Israel, el traslado de la embajada de Colombia a Jerusalén y avances en la eliminación de visas. Es así como en solo tres semanas, y en medio de uno de los mayores desastres naturales de la historia reciente de Colombia, el Gobierno (que a mi juicio ha sabido bien responder a la tragedia) ha avanzado con velocidad inusitada en su agenda con ese Estado.
Con la acertada decisión de reanudar las exportaciones de carbón, vino el reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado y anexado por ese Estado, convirtiéndose en el segundo país del mundo (tras Estados Unidos) en hacer esta declaración en contravía del derecho internacional y sentando un precedente que, de acuerdo con muchos expertos, tiene serias repercusiones de política exterior.
Cinco días después del terremoto, De la Espriella anunció su llamada con Netanyahu, sobre quien pesa una orden de arresto de la CPI por crímenes de guerra y de lesa humanidad, mientras el Gobierno estudia denunciar el Estatuto de Roma y, por lo tanto, el retiro de Colombia de esa jurisdicción de derecho internacional.
En paralelo, Tania Gilinski fue nombrada embajadora en Israel. Su padre, Isaac Gilinski, ocupó ese cargo entre 2010 y 2013 y su familia es propietaria de la revista Semana, medio que ha respaldado visiblemente el proyecto de De la Espriella. Su nombramiento se conoció incluso antes que el de María Consuelo Araújo como embajadora en Estados Unidos, principal aliado de Colombia y el país del que el propio presidente es ciudadano.
Por esos días surgió el nombramiento de Samuel Bluman como presidente de ProColombia, hombre de gran trayectoria empresarial. Días después, el presidente publicó un video reunido con el ministro de Comercio y con Bluman. Resulta inédita la preponderancia que da el presidente a esa entidad que, por decisión presidencial, ya no tendrá su sede en Bogotá sino en Medellín, ciudad de donde es oriundo el funcionario Bluman.
Al concluir la misión de los 83 rescatistas enviados por Israel, el vicepresidente José Manuel Restrepo se dirigió a despedirlos en el aeropuerto de Cali. El mismo domingo, el vicepresidente volvió a reunirse con los diplomáticos de Israel y con la Confederación de Comunidades Judías de Colombia.
Preguntarse por las razones de una política exterior no equivale a cuestionar a un pueblo, una religión o la legitimidad de un Estado. Pero ¿qué explica semejante protagonismo de Israel? Puede ser lo ideológico: De la Espriella corrige lo que juzga un error histórico del gobierno Petro. O la geopolítica: el giro hacia Washington y la cooperación en seguridad. ¿Es esta política una extensión de la relación con Estados Unidos, una condición para su cooperación, o existe un acuerdo más amplio —en inteligencia, seguridad o defensa— que explique tanto afán?
La política exterior no es solo diplomacia pragmática; debe ser también política de Estado porque define la política interna. En apenas tres semanas, Israel pasó a ocupar un lugar excepcional en la agenda de la Patria Milagro. Ojalá muy pronto el país tenga claridad sobre el alcance de una relación que parece mucho más que un nexo diplomático y comercial.
