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Cese bilateral más allá de las bombas

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Cristo García Tapia
06 de agosto de 2015 - 03:06 a. m.
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Si se cumple cabalmente la suspensión de bombardeos a las FARC – EP, ordenada por el presidente Santos, quiere decir, y ojalá así ocurra, que nos encaminamos por la senda ideal del cese el fuego bilateral por el que tanto hemos pujado quienes estamos del lado de las negociaciones del fin del conflicto.

Que, de lejos, somos un altísimo porcentaje de colombianos de una y otra condición social, política, ideológica, instituciones, medios de comunicación, aparato productivo, academia, iglesia, gremios, etcétera.

De haber cuajado, desde el primero unilateral que declararon las FARC – EP, es muy probable que ahora sí estuviésemos en los umbrales del acuerdo que habrá de poner fin a la guerra macondiana de más de medio siglo que se libra entre guerrillas y Estado y de cuyo desenlace siempre hemos predicado, por su naturaleza, lógicas y dinámicas, no se define en el tiempo convencional de las guerras regulares.

Ni sometiendo por la vía de las armas al contrario e imponiéndole condiciones de vencido, pax romana.

Y es que este tipo de guerras no se gana en el terreno militar, se negocia en escenarios como por el que decidieron optar de común acuerdo Gobierno y Guerrilla: una Mesa de Negociación allende el teatro de operaciones y con garantes, como los escogidos, neutrales y confiables para las partes.

La determinación del presidente Santos y por la cual debió inclinarse hace un buen tiempo, de ser el único responsable de las operaciones militares y de defensa que involucran directamente a la insurgencia guerrillera en negociación, es un giro que dinamiza las conversaciones, da seguridad a la contraparte y genera confianza y credibilidad en la opinión pública, cuya percepción es la de que los militares no le copian a Santos y sí a terceros que se oponen al proceso de negociación con las FARC – EP, pero que aún siguen teniendo voz y mando en las FFAA.

Si Santos, con firmeza irrevocable, carácter y responsabilidad histórica, asume el papel de comandante supremo de esta guerra macondiana y se mantiene en la determinación de parar los bombardeos y ataques a las FARC – EP, y estas a su vez persisten en el compromiso de cumplir la segunda tregua unilateral decretada en sus ejércitos, es de creer que los acuerdos para ponerle fin pueden avanzar hacia logros más positivos y sin mayores tropiezos que los hasta ahora vistos.

Dos flancos sí debe cuidar y defender Santos: el de los militares díscolos y poco afines a una negociación del conflicto por la vía de la política, que no de las balas y bombas, los cuales no obstante contar con armas, presupuestos suficientes, inteligencia, apoyo extraterritorial y de ilegales, no han logrado, como lo han prometido ene veces, vencer a la guerrilla.

Siendo esta razón, presumimos, la del honor mancillado por la derrota de no haber vencido en cincuenta años a las FARC, la que lleva a los militares a discutir y oponerse de diversas maneras a la política de paz de su comandante supremo, el Presidente de la República.

El otro flanco que debe atender el presidente Santos con absoluta disposición y valor civil, es el de la oposición cerrera de Uribe y sus epígonos viudos de la patria “refundada” en Ralito, con los cuales ha sido permisivo más allá de lo tolerable y legal.

Cuanto esperamos, y para el buen curso de la negociación y su fin último de la paz y la reconciliación, es que esta vez Santos no recule y en cambio, conduzca la guerra macondiana nuestra de cada día hacia la paz conviviente y efectiva que demandamos los colombianos más allá de los fusiles y las bombas.

*Poeta
@CristoGarciaTap
elversionista@yahoo.es 

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