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La Habana, la pausa que refresca

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Cristo García Tapia
28 de agosto de 2013 - 11:02 p. m.
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Aunque Santos y el Gobierno quieran que todo vaya de prisa y al ritmo de la reelección, hay que convenir que una negociación de la dimensión y alcances de la que se adelanta con las guerrillas de las FARC – EP, y cualquiera otra guerrilla, tiene necesariamente que manejar otros tiempos y otras dinámicas.

Y, aunque se pretenda imprimirle variantes propias de aquellas de uso corriente en negociaciones distintas de las que involucran partes en conflicto, Estado y ejércitos irregulares sublevados por razones políticas, no es acertado que para la que se adelanta en La Habana deba aplicar el esquema y las dinámicas que pretende y trata de imponer de forma “acalorada” el Gobierno.  

Para decirlo sin ambigüedades, los tiempos, modos, usos y costumbres de la negociación política entre partes de la misma naturaleza, componenda, a la cual nos tienen a los colombianos dosificados los  partidos y movimientos políticos, sus líderes y representantes, no es de recibo en La Habana.

Y aplica para las FARC – EP, y para el Gobierno, algunos de cuyos voceros son quienes más parecen urgidos de una pausa que les permita tomar un segundo aire, bien para analizar sus posiciones, aportes y compromiso real con la Paz, ora para reintegrarse a sus cuarteles en busca de curules y canonjías. O, el recamado traje de los embajadores.

Imponer la prisa, negar la pausa que refresca el diálogo, “acalorarse”, alterar los tiempos, venga de quien viniere, nos es  el mejor catalizador para acelerar un acuerdo.

Menos aún, cuando la que se convino adelantar con agenda previa y debidamente discutida y acordada, es una negociación surgida de acuerdos de buena voluntad y no de la derrota militar, rendición incondicional y sometimiento en los campos de batalla de una de las partes.

Si es verdad que Santos está jugando su partida definitiva y sus restos por la Paz de Colombia, tiene que entender que esa determinación debe prevalecer a la coyuntural de su reelección, desde luego sin perder de vista que la carta que contribuirá a este ultimo logro dependerá del as que aún no se atreve a sostener con firmeza y sin los temblores del jugador asustadizo.

No entender las pausas que provoca el enemigo, es caer en la trampa de la inseguridad y de las debilidades; es sucumbir en la emboscada por no avizorar el atajo.

Aunque de eso saben más las FARC –EP, también del enemigo hay que aprender. 

Y ahí sí, en el menor tiempo y con toda la prisa y sin ninguna pausa, debe aprender el Gobierno.

“Que respiren” y arriesguen mas allá de lo inmediato y lo mediático y simulen escenarios de poder distintos de los de las armas, debería ser un buen consejo para atender por quienes en La Habana juegan la partida por el fin de la matazón de medio siglo entre colombianos de todas las clases.

Porque, si no es la presente, una segunda oportunidad para la paz de Colombia quizá no vuelva a ocurrir en muchos años. Y bajo otros gobiernos.

*Poeta

@CristoGarciaTap

elversionista@yahoo.es

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