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El caso es que las nuestras de cada día no son como las de Argán, imaginarias.
Son reales, de cuidado y deben ser tratadas con urgencia; algunas, porque no se previnieron, atendieron y trataron con la oportunidad que demandaban; otras, porque quienes las padecen simplemente no tienen como costearse su atención, pagarse un buen médico y comprar la receta.
Ni siquiera, adquirir un lavativo de los del doctor Purgon puede un alto porcentaje de los colombianos, hombres, mujeres, ancianos, niños, cuya salud dependa de aquel o de cualquier otro medicamento indispensable para mejorarla y preservarla. O, cuando menos, para parapetarla.
Porque, más que los dolores y temores inherentes a las enfermedades, sus riesgos, cuidados y secuelas, cuanto le produce la más incisiva punzada y el dolor más agudo a quien le toca la desgracia de padecerlas es el alto, superlativo costo de las medicinas prescritas en cualquier fórmula
Y es que los medicamentos en este país, más que aliviar al enfermo, cuanto logran es producirle efectos secundarios letales derivados de su precio, disminuirle su calidad de vida emocional y someterlo en la económica, pues buena parte de su ingreso debe destinarlo al pago oneroso de medicamentos de cuyo control y regulación no se percata el Ministerio de Salud.
Como pasó en el de Diego Palacios, que decretó libertad absoluta y desregulación total de precios para garantizar y blindar la confianza inversionista de las multinacionales farmacéuticas que exaccionan sin piedad a los colombianos.
Si la institucionalidad se puso del lado de esta industria, es indigno de toda indignidad y por tal debe iniciarse el correspondiente juicio de responsabilidad penal contra quienes como representantes de una y otro fueron cómplices del siniestro acto de desregulación y liberación de precios de los medicamentos en Colombia, cuyo monopolio, sin barreras ni controles, tienen las multinacionales del ramo.
¿Acaso no son el Ministerio de Salud, la Superintendencia de Industria y Comercio y la de Salud, la institucionalidad encargada de velar porque no se impongan precios y productos al capricho de las multinacionales y cadenas farmacéuticas que trafican con la salud de los colombianos?
Por cuanto ha ocurrido, pareciera que no, porque “el festín que hoy tenemos”, como lo señala El Espectador, aun está en todo su furor y es probable que aumente mientras llegan las medidas, controles y barreras, anunciadas por el ministro Gaviria.
Y como el trapito de bajar que somos los colombianos hay que exprimirlo hasta sacarle la última gota, es de esperar que lo sigan haciendo las farmacéuticas en trance de una regulación y control de precios apenas advertido
Si es que, para seguir con el festín, no se declaran en paro por amenazas contra la confianza inversionista.
*Poeta
@CristoGarciaTap
elversionista@yahoo.es
