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Eso somos, monotemáticos, buena parte y un poco más de los columnistas que oficiamos de tales en periódicos, revistas y medios digitales en Colombia.
Y buena parte, y un poco más, de quienes lo hacen en las cadenas radiales que, en buena parte, son los mismos que copan los impresos y digitales.
Y los mismos, o buena parte de ellos, los noticieros y programas de opinión, a cualquier hora del día o de la noche, de las cadenas de televisión.
No obstante las múltiples, variadas y distintas facetas y lecturas a las que convida la realidad nacional cuando de ella nos ocupamos, que es la mayoría de las veces, buena parte y un poco más de los columnistas, acabamos girando alrededor de los mismos temas; al poco notorio giro de los 360°.
Rara vez, se nos da por abordar aspectos o conceptualizaciones de realidades o aspectos de ella, que den en romper el formato imperante, inamovible y monotemático.
Todos escriben y dicen y hablan de lo mismo, según sea el medio en el cual reproducen lo que escriben, hablan y dicen, pero pocos escriben, hablan y dicen, de una forma de la que pocos escriben, dicen y hablan.
Todos, o casi todos, según sea el clima, la visibilidad y la temperatura mediática, son violentologos, pazologos, politólogos, gabologos, meteorólogos, gabinetologos.
Y todos, o buena parte y un poco más de ellos, conflictológos certificados en pre y post conflicto, que en estos tiempos ha sido el monotema que alimenta nuestro imaginario, quizá soportado en el anhelo de paz que a todos concita.
Y de eso escriben, hablan y dicen, con omnisciente propiedad y sin derecho a regateo: cuanto escriben, dicen y hablan, nadie tiene porque ponerlo en tela de juicio o rebatirlo.
Máxime, si lo mismo lo han escrito, dicho, hablado y repetido en periódicos, redes, radio y televisión. Y si, además, por llevar tantos años escribiendo, hablando y diciendo lo mismo, a favor de lo mismo, se volvieron inamovibles, imprescindibles, certificados, diplomados, colonizadores de opinión, premiados por decir lo mismo de lo mismo y de los mismos.
Y monotemáticos.
En buena parte y un pocos más, tales y así, son los que “orientan”, desorientan, confunden, tergiversan, manipulan, esconden, falsean, “crean” y recrean, “producen” y reproducen, los hechos y desarrollos de la vasta y siempre prodiga en conceptualización y lecturas realidad nacional y la trasmutan en producto mediático.
De todo eso, más bien poco es cuanto se piensa el lenguaje, se sofoca y provoca en provecho de disponerlo para escribir, decir y hablar de esa realidad; sin sesgos ni intereses diferentes que los de la verdad pura y misma.
Al escribir esto, no vaya a asumirse que cuanto se pretende es que el columnista escriba una tesis filosófica o un epitome de Kant sobre el imperativo categórico de su oficio.
Si enhorabuena así fuere, tal vendría a configurar como el deber ser con la verdad objetiva, la ética y el bien ser y hacer, de quien por corresponderse a ese vasto, visible, dinámico y cuantificable universo que es la opinión pública, debería de suyo asumirse en la dimensión de esa imperiosa responsabilidad.
