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¿”Olvidos” contra la Paz?

Cristo García Tapia

13 de septiembre de 2013 - 06:00 p. m.

Cuando no es el Gobierno, es el Estado. Y viceversa. Y cuando no, las instituciones y el Gobierno. Y viceversa.

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Y por si a unas y otro se les olvidara fugazmente su papel de francotiradores contra la Paz, pues ahí están para suplirlos puntual,  y con perfecta puntería, la Corte Penal Internacional, CPI, y nuestra Corte Constitucional

Y viceversa.

Y así, cuanto deja entrever este bailecito medio pendejo pero cansón ya, es que la Paz, su negociación y el fin del conflicto armado colombiano que ella persigue, no parece haber sido un objetivo serio y pensado como política de Estado y Gobierno.

Mas parecido sí, a una estrategia política para promover la reelección de Juan Manuel Santos, solo que por no haber procedido con seriedad y honradez en su concepción y desarrollo y asumido con la formalidad y responsabilidad que tal empresa demandaba como política de Estado, la estantería de la reelección ya está resultando averiada en buena parte.

Si algo queda al descubierto en toda esta trama de la negociación de la Paz ofrecida por el presidente Santos a los colombianos, es que todo ha resultado en improvisación y en incoherencias que delatan esa falla estructural.

A tal punto, que la miscelánea de discursos que cada día se peroran, desde y por el Gobierno, no hacen más que confundir y extraviar el rumbo de unas negociaciones cuyos tiempos y definiciones dependen hoy de una agenda de la cual nunca se habló, pero que ahora es camisa de fuerza: la de la reelección.

Si esa carta asoma desde el inicio, es probable que el consenso entre las distintas piezas de la institucionalidad que tienen y deben consentir lo negociado en La Habana se habría facilitado de una manera distinta a como está ocurriendo, en donde una de esas partes, la Corte Constitucional, también decidió, y fuera de contexto, velar armas contra el proceso y dispararle a mansalva al Marco Jurídico para la Paz.

Y todo por un “olvido”.

¡Y qué olvido! Nada más que el inamovible y punto de honor de la agenda de las FARC – EP, de no pagar un solo día de cárcel como consecuencia de sus acciones de guerra como ejército revolucionario alzado en armas contra el Estado. 

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Llama la atención que, cuanto pareciera marcar el ritmo en esta sucesión de golpes al intento de una paz para Colombia, es la sincronización de las salvas que se disparan desde puntos estratégicos en el campo de la institucionalidad: Procuraduría, Ministerio de Defensa, Corte Constitucional. Y, desde la extraterritorialidad, la CPI.

Sin contar, desde luego, las cargas de metralla de las ONG, tanto locales como internacionales.

Propiciado todo por la incoherencia, informalidad y falta de seriedad del Gobierno en la formulación, desarrollo y conducción de un proceso surgido, más como coyuntura para una reelección que para el fin del conflicto.

Es lo que nunca quisiéramos, pero ya se avizora el final lánguido de la Mesa de La Habana. Y muchos matojos que saltar para la reelección.

*Poeta

@CristoGarciaTap

elversionista@yahoo.es

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