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Otra Noche de San Bartolomé

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Cristo García Tapia
19 de noviembre de 2015 - 02:28 a. m.
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Quién sabe cuántas noches de aquellas anegadas en sangre que recorrieron Francia en el siglo XVI, vuelvan a manchar sus calles; a teñir de rojo el suelo de París.

Hoy, como aquella y las subsiguientes al 23 de agosto de 1572, París vuelve a ser “una ciudad en tensión” por la matanza del viernes 13 de noviembre, en la cual más de 130 franceses fueron asesinados por terroristas del Ejército Islámico.

Y otra vez, como en aquel infausto momento de la historia de Francia, vuelve a ser el lábaro religioso pieza mayor entre el conjunto de las que juegan en el tablero de las causas, entre tantas, generadoras de las distorsiones de la historia contemporánea de Europa y de sus naciones con el resto del mundo.

Quién sabe si eso que algún teórico dio en llamar “guerra de civilizaciones y valores”, entre Occidente y aquella parte del mundo que durante un buen tiempo permaneció en estado de hibernación, no venga a ser más que un trasunto de las guerras religiosas que en Francia, en el siglo XVI, confrontaron, en nombre y representación de Europa, a la religión y la política.

Hoy, desde luego, alumbradas por el potente candil de una geopolítica que trazan las potencias dominantes, cuyos designios adquieren el carácter de tablas de ley a las cuales deben someterse con mística de mártires, los seguidores de una fe según sea su procedencia geográfica.

Más allá de la confrontación de civilizaciones por motivos mayormente de fe, cuanto provoca y determina esa confrontación son los intereses económicos estratégicos de unas y otras de las piezas que se entrecruzan en el tablero de las dinámicas geopolíticas alineadas en un conflicto que hoy da señales de extenderse y convertirse en detonante de uno mayor.

Por razones de aparente menos peso, aunque en el fondo las verdaderas eran las geopolíticas y económicas, se desataron las dos guerras que alteraron el curso de la historia del siglo XX y la división del mundo en bloques de poder claramente definidos en las coordenadas de sus intereses.

No es improbable entonces que una parte o toda Europa se vea abocada a declarar la guerra a un Estado Islámico que si bien formalmente se localiza en Siria e Iraq, cuanto realmente comporta es una fe, una ideología, que se expresa política y militarmente al margen del territorio.

Con fundamento en los ataques de los cuales es víctima en su propio suelo por células terroristas islámicas, Francia cerrara del todo sus fronteras a la inmigración forzada por la guerra en Siria y demás países árabes.

De igual forma, lo hará con mezquitas y lugares de culto y prédica de aquella fe, agravando la situación y generando factores de riesgo y provocación mutua que darán en escalar la confrontación y llevarla al involucramiento directo de los aliados de una y otra de las partes enfrentadas.

Es probable que ahí sea Troya. O Sarajevo. O la invasión de Francia por el EI.

Hay tantas variables, léase intereses, susceptibles de convertirse en detonantes de un conflicto con visos de tercera Gran Guerra, que un día de estos, y ojalá esté lejano, Troya será Nueva York, Polonia, París, y Sarajevo Berlín.

Y todos, enfrentados a un enemigo que tiene el don de la ubicuidad, la ideología de la fe y, como suprema directriz política, la teología del terrorismo.

* Poeta

@CristoGarciaTap

elversionista@yahoo.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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