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¿Primer aviso a las Farc-EP?

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Cristo García Tapia
27 de junio de 2013 - 11:00 p. m.
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Quedan avisados. Y ustedes, soldados de la insurgencia por medio siglo, deben saberlo más que cualquier colombiano: guerra avisada no mata soldado.

Pero lo que le está ocurriendo a Gustavo Petro, Alcalde de Bogotá, elegido por voluntad  popular mayoritaria y en pleno uso de los derechos que arroga el sistema democrático participativo consagrado en la Constitución Nacional, pero izquierdista, ex guerrillero amnistiado y militante contra la corrupción en la institucionalidad, es para velar armas.

Sí. Para cuidarse de la muerte cantada que les espera en las calles de las ciudades y pueblos de este país como se atrevan a desafiar el sistema pretendiendo ser congresistas, gobernadores, alcaldes, diputados o concejales, en las jurisdicciones que para tal fin señala la Constitución Nacional.

De no alcanzarles la memoria para divisar un antecedente más horrendo que el de los cargos que la Procuraduría General de la Nación le ha abierto y calificado como “faltas gravísimas” y “gravísima” con “culpa gravísima” a Gustavo Petro, averigüen por el “genocidio de la UP”.

Pero si “las fuerzas oscuras” no alcanzan a matarlos físicamente, la muerte política, otra forma de matar de las “fuerzas oscuras”, sí los va a dejar fuera de toda opción, y de por vida, de lograr en los “santuarios de la democracia” lo que el monte, las emboscadas, las retenciones y la combinación de las diferentes formas de lucha no han hecho posible en más de medio siglo.

Que “la democracia es el mejor escenario para defender cualquier ideología política”, trina Carrillo Florez, ministro del Interior, eso no se pone en tela de juicio, pero en Colombia la única ideología política que puede, y con todas las garantías, acceder a ese nicho es la del establecimiento.

Y si matar políticamente a un alcalde o a un congresista del establecimiento resulta un acto de menor cuantía, decenas van ya, que se puede esperar para los “farianos” investidos de tales que, por obra y gracia de un Acuerdo de Paz, acepten el reto de las “ideas y no solo las balas”. Será la hecatombe.

Eso de proclamar por ahí, Navarro Wolff entre otros, que “sí hay garantías políticas para los nuevos actores”, que no vienen a ser otros que los de la izquierda guerrillera amnistiada, sus antiguos camaradas, es una cruel ironía.

¿Acaso Gustavo Petro, el alcalde Bogotá que será sancionado e inhabilitado por la Procuraduría General de la Nación, no es el más visible representante de esos “nuevos actores”? ¿O será que se refiere a los reencarnados de Ralito?

Por favor.

Aquí no caben sino las ideologías, doctrinas y personeros del conservadurismo extremo, del clientelismo político y de la corrupción al alza en el establecimiento.

Por tal como van y pintan las cosas, a los colombianos ese fervoroso anhelo por la Paz empieza a crearnos confusión y sentimientos encontrados de engaño y frustración. 

De desencanto, porque cuanto vislumbramos próximo y generoso se diluye en el tremedal de un señuelo electoral más. En el de una reelección.

O de dos.

*Poeta

@CristoGarciaTap

elversionista@yahoo.es

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