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Como van las cosas, por cuenta del Procurador y sus mentores ideológicos y cruzados en la fe, muy pronto en Colombia el palo sí va a estar para cucharas.
Pues de tanto abusar del poder, dudosamente conferido y sí mal interpretado y peor usado, un día de estos en este país va a pasar algo grande y grave.
Y apenas si vamos a percatarnos cuando ya no haya vuelta atrás ni posibilidad de detener la hojarasca que habrá de arrasarlo todo y a todos, incluidos los que atizaron los desmanes, abusaron del poder, pisotearon los derechos y negaron la democracia y la inclusión en las vertientes de la institucionalidad.
Porque de mucho padecerlos, uno se cansa de tantos desmanes. Y uno es la gente, la sociedad, el colectivo humano, que ve y siente como se abusa en todas las formas de su condición, se conculcan sus derechos, se abusa del poder y de la institucionalidad para someter por cualquier vía al individuo y alinearlo en las coordenadas que a sus detentadores y usufructuarios conviene.
Si en lo político, el férreo bipartidismo sigue siendo la única receta válida que tiene y dispone la sociedad colombiana para expresarse y configurar una categoría ideológica en miras de obtener representatividad y participación en la modelación y dirección del Estado y en las instituciones y diversos órganos de su administración y funciones.
Nada en este país, y no se ponga en duda, se mueve por fuera de la pesada y oxidada maquinaria del bipartidismo como institución y categoría de poder político, efectivo y determinante en la ecuación sociedad – política - institucionalidad.
Y si no son los tradicionales y centenarios Liberal y Conservador, son sus ramificaciones y derivaciones, todas brotadas de aquellos vetustos y podridos troncos, de cuyos frutos y vigores es bien poco lo que la historia pueda registrar como de provecho para la nación colombiana en su conjunto.
Más allá de la violencia que cuajaron, azuzaron y aún administran milimétricamente, nuestros partidos y sus derivados no son más que un único poder hegemónico estratégicamente segmentado en territorios y clanes familiares, sociales, políticos y económicos, cuya acción depredadora del bien público se nutre y reproduce en ideologías conservadoras proclives a la exclusión, discriminación y desnaturalización de la diversidad de pensamiento propia de sus militantes, prácticas y acciones.
De todo ello y en el inmediato presente, destitución e inhabilidad política de Gustavo Petro, Alcalde de Bogotá, da testimonio el Procurador Ordoñez, ficha de alta denominación en la nomenklatura de esta ideología y de la institucionalidad que la regenta, promueve, ejecuta y reproduce.
Si cayó Petro, caerá La Habana, es cuanto quieren significar y ratificar con sus fallos torcidos y alabanzas sacrílegas el Procurador y sus mentores.
Y para que también caiga Santos, en beatífica alianza con los señores de la guerra ha emprendido el Procurador, bajo la advocación e intercesión de los caballeros del santo oficio criollo, una cruzada contra la Paz y clamando por la guerra allende cortes y tribunales internacionales.
De esas y otras tropelías y de sus mentores, promotores y ejecutores, ya uno, y uno somos millones de colombianos, comenzamos a cansarnos y a perderles el miedo. Y a preparar el palo para las cucharas.
*Poeta
@CristoGarciaTap
elversionista@yahoo.es
