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Trazar el horizonte como referencia ‘Puntos de fuga’, de Lina Rodríguez

Crítica de Cine y Melissa Mira Sánchez

28 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.
Foto: Lina
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“Nací en una ciudad que ya no existe”.

Con la ausencia como punto de partida para la enunciación, la última película de Lina Rodríguez reconfigura territorios, heridas y afectos a través de los gestos de la ficción cinematográfica más rigurosa. La directora filma trazando líneas paralelas entre su historia familiar y la historia nacional, que no paran de confluir en una cronología de narraciones fragmentadas y discontinuas.

Puntos de fuga se mueve entre la correspondencia fílmica, el ensayo y la confesión. Dos voces, la de la madre y la de la hija, se funden, se interceptan, se corresponden como ecos que resuenan en un espacio liminal. En ocasiones cada una de estas voces habita una temporalidad, dolor o lugar propio, pero pronto la convergencia se sobrepone; más que relatos individuales se construye el testimonio de un universo filial compartido. Todo lo que se aleja converge, todo lo que se despide se encuentra. La película entera dirige hacia ese horizonte imposible que conecta pasado y presente, Colombia y Canadá, una generación y otra.

La memoria se presenta entonces como una intersección de verdades y ficciones no lineales, dando lugar a una exploración formal que disgrega imagen, sonido y narración a varios niveles: sea con la creación de atmósferas y planos sonoros que se desplazan entre imágenes sin correspondencia directa, o con la narración capitular y en intertítulos que podría leerse como una forma de organización emocional. La biografía familiar se construye a partir de pequeños relatos cotidianos: el apodo de la infancia, los primeros besos de la adolescencia, los accidentes domésticos, las adicciones y conflictos intrafamiliares, todo esto en un modo de representación no sólo encuentra sus propias formas sino que se entrelaza constantemente con coyunturas históricas y sociales del país, como la violencia de los años 80 y la tragedia de Armero.

En Puntos de fuga, las partes hacen el todo, sí, pero no lo clausuran. La película asume la fragmentación como condición. Entre sus exploraciones, Rodríguez se pregunta cómo filmar a la madre, cómo sortear la brecha generacional y cómo establecer relaciones entre los recuerdos de dos mujeres que pertenecen a un mismo árbol genealógico. No existe un único relato, sino una serie de historias que se contaminan, se superponen y retroalimentan mutuamente. Esta disonancia parece encarnar la experiencia de tránsito que atraviesa la historia de la directora, que pone en cuestión la construcción de la identidad cuando el lugar de origen o pertenencia es inestable o móvil.

En un juego de espejos y reflejos se establece una conversación entre vínculos familiares que supera las convenciones rígidas de la vida y el tiempo. La película insiste en homenajear a los muertos, que se manifiestan místicamente como ausencias presentes: la historia familiar, como la del país, es también una historia de espectros.

El ejercicio de memoria cinematográfica que propone Lina Rodríguez vuelve sobre el pasado para darle una nueva lectura, ya no como lo que fue, sino como secuela fragmentada, difusa, viva en su propia desaparición. Paradójicamente, la distancia de la cineasta devuelve su mirada al lugar de origen, aunque este lugar haya sido ya borrado y desaprendido.

FICCI 65 - PUNTOS DE FUGA - Lina Rodriguez - Colombia, Canadá – 2025

Por Melissa Mira Sánchez

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