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Una vez más, Spielberg repite su fórmula: ‘El día de la revelación’ (’Disclosure day’, 2026)

Crítica de Cine y Santiago Nicolás Giraldo Enríquez

19 de junio de 2026 - 12:05 a. m.
“'El día de la revelación' no propone nada nuevo ni pretende hacerlo”: Santiago Nicolás Giraldo Enríquez
Foto: EFE - Universal Studios
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No es difícil reconocer unos temas habituales en la filmografía de Steven Spielberg. El afamado director, infaltable para la cultura popular de Occidente, vuelve en El día de la revelación (2026) a algunos de sus favoritos: la ciencia ficción, la fantasía y los extraterrestres. También vuelve a trabajar con un equipo que lo ha acompañado desde hace, al menos, treinta años. Como es de esperarse, su nuevo metraje tiene una ejecución detallista y rimbombante, que recurre a la tensión y las emociones de sus personajes para contar una historia ágil, intensa, muy fiel a su estilo.

En ella, Daniel Kellner (un especialista en ciberseguridad) y Margaret Fairchild (reportera del clima en Kansas City), deben revelar un secreto acerca del contacto entre humanos y alienígenas que una megacorporación llamada Wardex oculta bajo llave. Su aventura los conduce a situaciones extremas de las que se salvan en el último segundo, como se suele ver, de nuevo, en muchas de las películas de Spielberg. Soy enfático en que el cineasta repite elementos y técnicas porque en esta cinta no propone nada nuevo ni pretende hacerlo. Usa los mismos patrones que sabe que funcionan para el gran público y los ejecuta con la maestría que le otorgan sus décadas de experiencia. Ese es el mayor mérito de su cine y de la forma en que cuenta historias.

Ha sabido leer al público con inteligencia y ha usado el lenguaje cinematográfico a su favor, tanto para enganchar a los espectadores como para mostrar su visión del mundo. Maneja el tiempo y los recursos del cine de manera efectista cuando debe entretener, pero también cuando le da importancia a unos valores que no son transparentes. Un ejemplo claro es la banda sonora de esta película; compuesta por John Williams, subraya lo sentimental y lo imponente de las imágenes con una atención milimétrica que hace muy fácil caer en sus sesgos. Son ese tipo de trucos los que intentan vender como entrañable el punto de vista de un norte global que se mira el ombligo todo el tiempo.

Por lo demás, la trama pone el ojo en la vida familiar, los recuerdos infantiles y la bondad casi religiosa de sus protagonistas (incluso hay conversaciones que confrontan la existencia de un dios con la de seres de otros planetas) para hacernos empatizar con ellos. Para hacernos creer que, aunque los buenos tienen todas las de perder, siempre va a haber algo o alguien que los salve. Esa visión optimista se vuelve una especie de fantasía ingenua en la que este tipo de cine quiere creer y quiere hacer creer. Aunque se protege de no ser inverosímil (y tampoco lo es), guarda demasiadas esperanzas en eso de que el bien tiene que ganar. El rol de villano, entre tanto, lo ocupa el dueño de Wardex, un arquetipo de personaje malvado que solo tiene un atisbo de humanidad cuando le conviene al guion. Su objetivo es acechar a los buenos para que no se revele la información que resguarda su compañía. Curioso que los malos siempre sean millonarios y encubran sus secretos con violencia, ¿no?

Por Santiago Nicolás Giraldo Enríquez

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