Cuando las utopías iluminan

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El 26 de julio se celebró el centenario de Celso Furtado, el economista brasileño que nos legó un sinnúmero de obras relevantes para el pensamiento social y político brasileño. Reconocido mundialmente, Furtado nos invitó a entender Brasil y América Latina a la luz de la economía y de la historia.

A partir de él se pasó a analizar de forma rigurosa la inserción periférica de Brasil y de la región, como exportadores de materia prima.

En su obra, analiza la economía nacional, desde el azúcar hasta la industria con el objetivo de explicar cuales eran las causas del subdesarrollo de Brasil.

Bajo los supuestos teóricos de la escuela Cepalina de Raúl Prebisch, del paradigma centro-periferia, guiado por el método histórico-estructural, reflexionó sobre los grandes problemas nacionales y regionales.

Estableció un enfoque interdisciplinario para analizar cuestiones económicas, culturales y burocráticas del Estado y la sociedad brasileña. Estableció una larga y duradera interlocución con teorías políticas, económicas y antropológicas. mHasta el final, el trabajo intelectual de Furtado abre camino para una teoría del subdesarrollo, lega variables teóricas y metodológicas para que otros siguieran su derrotero.

En días desafiantes como los actuales, es fundamental recordar que en su obra el binomio democracia y desarrollo son indisociables.

Celso Furtado, venia de las entrañas del noreste brasileño, lo que desde temprano le hizo despertar el interés por hacer preguntas sobre las inmensas desigualdades del país. De su natal Paraíba, alzó altos e incansables vuelos. Llegó a Río de Janeiro, estudió derecho, integró la Fuerza Expedicionaria Brasileña en la Segunda Guerra Mundial, discípulo del argentino Raúl Prebisch se trasladó a Chile e integró la Comisión Económica para América Latina (CEPAL.

Con el presidente Juscelino Kubistscheck (1956-1960), Brasil seguía el camino de la modernización y de la industrialización. Bajo la “consigna 50 años em 5”, construía Brasília, creaba la SUDENE, para que fuera el núcleo de una política de desarrollo para el Noreste, región que vivía bajo la tiranía del clima y de la industria de la sequía, fomentada históricamente. El Plan Trienal de Desarrollo Económico Social fue idealizado por el economista Furtado: Reforma Agraria, Tributaria y Social.

Con un pensamiento distinto, Celso Furtado propuso industrialización para el noreste, fin de los latifundios de monocultivo y actividades económicas compatibles con el clima inclemente del Noreste de Brasil.

Más tarde asume la presidencia Jânio Quadros. Su renuncia intempestiva lleva al poder a João Goulart y sus reformas de base. Allá estaba Furtado nuevamente como Ministro de Planeación. Sin temor, elaboró la propuesta de reforma agraria más audaz que Brasil tuvo hasta hoy: expropriación de todos los latifundios que tuviera más de 500 hectáreas. Desde su perspectiva, era necesario transformar al campesino en un actor de la economía de mercado, producir alimentos y consumir bienes industrializados.

El 31 de marzo, ocurre el golpe militar en Brasil, lo que instauraría una dictadura cívico-militar en el país, la cual duraría 21 años.

En las listas de la dictadura militar, Celso Furtado figuraba en los primeros puestos. Al solicitar exilio, recibió invitaciones de tres universidades norteamericanas: Harvard, Columbia y Yale, optando por Yale. Un año después por invitación del Presidente Charles de Gaulle, Furtado pasa a ser profesor de la Universidad de la Sorbona, en las cátedras de “Economía de Desarrollo” y “Economía Latinoamericana”.

A su regreso al Brasil democrático, se afilió al Partido del Movimiento Democrático Brasileño, elaboró el Plan de Acción del Gobierno Tancredo Neves, fue nombrado Embajador de Brasil en la Comunidad Económica Europea. Más tarde fue Ministro de Cultura del gobierno Sarney.

En 2004, Fallece Celso Furtado, el intelectual que nunca perdió de vista la sociedad y el hombre de razón de Estado.

En estos días llenos de desafíos e incertidumbres, el encuentro de la teoría con proyectos transformadores, hacen de su legado una brújula para entender no solo el pasado y el presente, sino para buscar nuevas utopías orientadoras para Brasil y América Latina.

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