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14 Inkas

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D. Buenavida
06 de junio de 2009 - 03:41 a. m.
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De unos 10 años para acá, los restaurantes peruanos han hecho su irrupción en Bogotá.

¡Bienvenidos! La culinaria peruana, con su empuje creativo, ha sobrepasado con imaginación la muy buena cocina tradicional de origen español, inca, chino y japonés. En el Perú se desarrolla ahora una cocina imaginativa, viva y alegre, y cuenta con un grupo grande de cocineros verdaderamente comprometidos con la gastronomía. Su influjo en Bogotá es refrescante.

El 14 Inkas es el último de los que han llegado. Es de los mismos dueños de Nazca, pero viene a cubrir un segmento de mercado que busca precios más bajos, mezclados con informalidad. Es un restaurante de servilletas de papel, rápido, mucha gente joven y muy ruidoso, pero tiene cocinero. A diferencia de lo que sucede en Bogotá: donde hay muchos que tienen todo el lujo, campanitas, flores y publicidad, pero no tienen cocinero. Sus cocineros son: José Castillo, José Zárate y Carolina Cifuentes.

El menú cuenta con los tradicionales de la cocina peruana y con uno que otro aporte culinario del grupo. Tenemos ocho entradas con precios entre $8.000 y $22.500. Los infaltables tiraditos, que son cinco con precios de $13.500. Nueve cebiches entre $14.500 y $25.500. Cuatro “Causas” con precios entre $8.500 y $13.500 y tres sopas. En platos fuertes tenemos: arroces y pastas, siete platos con sus “chaufas “y “tacu’s” con precios entre $15.000 y $20.000. Pescados y mariscos a alrededor de $25.000. Siete saltados y guisos de $17.000 a $28.000. Cuatro postres de $8.000. Empezamos con “Causa Colonial”: langostinos escabechados acompañados de aguacate y tomate. La “Causa” es un plato peruano muy tradicional que consiste en un puré de papa que envuelve diferentes guisos, con mayonesa u otras salsas. En este caso estábamos ante tres langostinos frescos y cocidos en su punto, con mayonesa con un ligero toque picante. Realmente es un buen plato. Otra entrada fue “Pulpo al Olivo”. Este plato se robó la noche. ¡Recomendable! Un pulpo bien cocido, con dureza en su punto, con una mayonesa de aceitunas moradas y cilantro inmejorable y un poco de mayonesa con rocoto a su alrededor. Ambos platos estaban muy bien presentados. Como plato fuerte nos fuimos con “Caballero”, un mero fresco a la parrilla (algo difícil de conseguir en Bogotá) rodeado de calamares y pulpo, con salsa al ajillo y hierbabuena. El mero bien, el pulpo estaba un poco tieso, pero el puré de arvejas que lo acompañaba estaba delicioso. En definitiva un buen plato. Nuestro segundo plato fue “Arroz limeño”. Es un arroz verde con vegetales, cebolla, maíz, ají dulce, arveja y dos muslos de pollo frito, cubiertos de un batido ligero y crocante. Un plato sabroso pero de poco alcance. El ají amarillo (salsa de ajíes en peruano) que lo acompañaba iba muy bien, ligeramente picante, estaba rico. De postre pedimos “Suspiro de Limeña”. Muy alejado de lo que es un suspiro de limeña. Es dulce de leche con crema chantilly encima. El postre no alcanzó las expectativa que había creado su nombre. Los suspiros de las limeñas no son empalagosos. Al final de la comida como pousse café pedimos pisco. En Perú se encuentran piscos excelentes y estos lastimosamente no dieron la talla.

Un restaurante con buena cocina, sencillo y sin mayores pretensiones, pero se come bien aquí.

Carrera 12 Nº 84-55.secomebienaquí@gmail.com

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