El domingo se realizará la primera jornada de las elecciones más importantes para Colombia en muchos años. Después de dos décadas de dominio electoral del uribismo y casi dos siglos de gobiernos de la política tradicional, se abre la posibilidad real de un cambio hacia un nuevo gobierno progresista.
Mucho ha pasado desde la elección de Iván Duque en 2018. Inició su mandato ese año con el paro estudiantil, luego vino el triunfo de los alternativos en las elecciones regionales de 2019, año que finalizó con las movilizaciones masivas iniciadas el 21N. En 2020, se desató la pandemia que aumentó de manera dramática la pobreza y profundizó la desigualdad en uno de los países más desiguales del mundo. El año pasado, se reinició el paro nacional el 28A, aún más masivo, con el más gran estallido social desde el 9 de abril de 1948. A la vez, Álvaro Uribe pasó por un arresto domiciliario, renunció al Senado para evadir la justicia y vio caer al piso sus altos niveles de popularidad de antaño.
Ergo, la bajísima favorabilidad del gobierno de Duque. En las derechas, todos quieren demarcarse de él y hasta los de su propio partido lo tachan de mamerto. Por ello, las posibilidades electorales del continuismo son pocas y las de cambio, todas.
Persisten, de todas maneras, grandes interrogantes. ¿La inconformidad que se tomó las calles en estos años se traducirá en votos, como sucedió en Chile, o se fortaleció la noción de que todos los políticos son la misma porquería, aumentando el desprecio por lo electoral? ¿Las fracturas al interior de las fuerzas del cambio impedirán su triunfo, permitiendo que clientelismo, corrupción y uribismo tengan otros cuatro años para seguir ahondando la destrucción del país?
El 2022 trae novedades. Las tres consultas presidenciales a realizarse este domingo representan un interesante mecanismo de reagrupamiento político-ideológico por parte de las coaliciones, en ausencia de partidos, en torno a izquierda, centro y derecha. Estas primarias a la colombiana determinarán no solo quién es el ganador de cada consulta, sino el total de votos para cada una, un primer indicador de lo que puede pasar en mayo en la primera vuelta.
Pero lo fundamental de la jornada del domingo es la elección del Congreso, determinante para la gobernabilidad del próximo presidente, sea quien sea. Históricamente predominan las maquinarias por encima del voto de opinión. En esta ocasión, ¿el electorado le pasará cuenta de cobro a los partidos que han sostenido a Duque (Centro Democrático, Partido Conservador, Partido de la U, Cambio Radical y Partido Liberal) o lograrán mantenerse con el impulso de los recursos públicos que sin ley de garantías se irradian? Al menos, en la campaña, que por cierto ha sido muy pobre en contenidos programáticos, se discutió acerca del papel del clientelismo, la corrupción y la compra de votos. Hay que esperar a ver lo que pasa el domingo para saber qué efectos tuvo.
Lo cierto es que de manera urgente se requiere la renovación a fondo del Congreso. Por ello, ojalá les vaya muy bien a las listas del Pacto Histórico, Alianza Verde/Centro Esperanza, Nuevo Liberalismo, Fuerza Ciudadana, Comunes, Estamos Listas y demás fuerzas progresistas, que puedan unirse en una gran bancada por el cambio democrático y la paz.
Es costumbre que columnistas compartamos con los lectores nuestros votos.
En cuanto a las consultas, en el caso del Pacto Histórico, el ganador ha estado cantado desde el principio. Por tanto, sería de inmenso valor una alta votación por Francia Márquez, quien ha brillado por su lucidez, convicción y entereza, y cuya presencia como destacada mujer afro en la política colombiana es fundamental. Pero como sólo se puede votar en una consulta, lo haré en la del Centro Esperanza, por Sergio Fajardo. Pese a que en estos años ha recibido palo, insultos, investigaciones amañadas y acusaciones de dudosa ortografía, no se ha dejado alterar en lo que es y siempre ha sido: un hombre tranquilo, inteligente, honesto y persistente. Su programa de gobierno, hecho público por estos días, está compuesto de propuestas serias que abogan por un cambio progresista viable. Pero, sobre todo, su serenidad y profunda convicción de respeto por las diferencias son lo que el país requiere en estos tiempos de hondas crisis multidimensionales, para así poner fin a la polarización que nos domina e impide enfrentar los inmensos desafíos juntos, no divididos.
En cuanto al Congreso, para el Senado, en la lista del Pacto Histórica sobresale Iván Cepeda, que no solo ha hecho una gran labor como senador, sino que es una de las voces más valientes y consecuentes en relación con la paz y los derechos humanos. No me explico por qué no encabeza la lista. Por otra parte, hay varios en la lista de Alianza Verde/Centro Esperanza por quienes quisiera votar, empezando por quien la encabeza, Humberto de la Calle, cuya presencia en el Congreso elevaría el nivel del debate. Iván Marulanda y Antonio Sanguino han sido excelentes senadores y merecen ser reelegidos. Ariel Ávila es estupendo como expresión de la renovación generacional. Juan Carlos Flórez, que realiza su campaña “costo 0″, ha sido excelente concejal en Bogotá y será un excelente senador.
En la Cámara por Bogotá, votaré por Gabriel Cifuentes en la lista Alianza Verde/Centro Esperanza, un académico joven comprometido con la paz y los derechos humanos. Sin embargo, si estuviera residiendo en el exterior, votaría por la lista del Pacto Histórica para que saliera elegida Natalia Munévar, mujer joven, inteligente y preparada para darle vos a los millones de la diáspora colombiana.
En últimas, hay que votar. Las opciones son muchas y hay gente buena en todas las tendencias.