24 Aug 2021 - 2:59 a. m.

De Saigón a Kabul

Con el colapso de Kabul, las referencias a la caída de Saigón en 1975 se volvieron recurrentes. La increíble similitud en las imágenes de la caótica evacuación, aún en progreso, con lo sucedido hace 46 años hace la comparación inevitable. La estruendosa derrota de Estados Unidos en la Guerra de Afganistán ineludiblemente invoca su debacle en la Guerra de Vietnam. Al propio Secretario de Estado Blinken le tocó salirle al paso al asunto, dictaminando: “esto no es Saigón”.

Efectivamente, se trata de dos realidades muy distintas, empezando por las características de cada país: Vietnam es pequeño y muy poblado (331 mil km2, 98 millones), mientras que Afganistán es más extenso y con menos habitantes (665 mil km2, 35 millones). Para Estados Unidos, la Guerra de Vietnam duró casi nueve años (enero 1965-noviembre 1973) y la de Afganistán casi veinte (octubre 2001-agosto 2021). Los escenarios de combate fueron incomparables: las junglas tropicales de Vietnam vs las montañas desérticas de Afganistán. En la Guerra de Vietnam, participaron en total 2,7 millones de soldados estadounidenses, alcanzando un tope de 550 mil en 1969 y murieron 58.220; en la Guerra de Afganistán pelearon 800 mil soldados, llegando al tope de 110 mil en 2011 y murieron 2.448. En ambas guerras, las pérdidas humanas fueron mucho mayores para las poblaciones locales: entre civiles y militares murieron 3,4 millones de vietnamitas y 113 mil afganos.

También hay diferencias en los contextos nacional e internacional de cada conflagración. Mientras la Guerra de Vietnam ocupó un lugar central en el debate público en Estados Unidos y generó mucha oposición y protestas, la Guerra de Afganistán contó con apoyo bipartidista y fue relativamente ignorada, relegada a un segundo plano por la Guerra de Irak, que sí ocupó la atención de la opinión pública y tuvo oposición. Por otra parte, en Vietnam, Estados Unidos peleó solo, mientras que en Afganistán contó con el concurso de la OTAN, con tropas del Reino Unido, Australia y Canadá, aunque al final también se fue quedando solo.

En muchos sentidos, el colapso de Kabul fue aún peor que el de Saigón. En Vietnam las tropas estadounidenses salieron en noviembre 1973 y Saigón cayó en abril 1975, es decir, un año y medio después; en Afganistán, la caída de Kabul fue quince días antes de la fecha fijada para el retiro final de las tropas gringas. Mientras el Vietcong, con sus aliados norvietnamitas, ganaron la guerra a plomo, con una ofensiva final cruenta, el Talibán logró hacerse al poder prácticamente sin derramar sangre, mediante acuerdos con líderes tribales y ofertas de amnistía. El ejército de Vietnam del Sur, entrenado y equipado por Estados Unidos, dio la pelea hasta el final, mientras que el ejército afgano, también entrenado y equipado por Estados Unidos, puso poca resistencia y prácticamente se esfumó, así como el gobierno de Ashraf Ghani, elegido en 2019 con 920.000 votos, menos del 10% del censo electoral, se desplomó como un castillo de naipes.

Pero pese a las muchas diferencias y particularidades, lo cierto es que ambas guerras representan derrotas contundentes para Estados Unidos, tanto a nivel militar como geoestratégico, con sus respectivos impactos, en lo inmediato y a mediano y largo plazo.

En el caso de Vietnam, la derrota tuvo repercusiones profundas en la política exterior, llevando a Nixon a promover la distensión con la URSS y la apertura de relaciones con China; a Carter a no intervenir en Nicaragua, Mozambique o Angola, repliegue estadounidense conocido como el síndrome de Vietnam; y a Reagan a solo utilizar tropas para invadir Grenada. No fue sino hasta los noventa (Guerra del Golfo, Somalia) y sobre todo después del 11 de septiembre, que Estados Unidos volvió a acudir de manera prioritaria a la intervención militar.

Es aún demasiado temprano para medir los efectos de la derrota en Afganistán. La decisión de Biden de retirar las tropas era inevitable y fue la correcta. No obstante, por la forma calamitosa en la cual se siguen desenvolviendo los hechos, sin duda pagará un alto costo político, pese a que el fiasco es responsabilidad compartida con Trump, Obama y Bush, así como a Ford le tocó pagar los platos rotos de Nixon y Johnson.

Lo cierto es que tras la derrota en Vietnam ni Tailandia ni Indonesia ni Filipinas se volvieron comunistas como pregonaba la teoría del dominó de ese entonces. Más bien, con los años Vietnam se convirtió en socio comercial de Estados Unidos y hoy es un destino para los turistas gringos; muchos veteranos de esa guerra se preguntan para qué sirvió tanto sacrifico. En relación con lo que pueda suceder con Afganistán, mucho dependerá si el Talibán retornará a sus viejas prácticas fundamentalistas u optará por buscar legitimidad internacional para evitar el estatus de paria que se ganó en los noventa, como hasta ahora lo han expresado sus voceros.

El solo hecho que la caída de Kabul haya sucedido 46 años después de la de Saigón es muestra fehaciente de que Estados Unidos no aprendió la lección de la derrota en Vietnam: la intervención militar no sirve, la superioridad en armamento y tecnología no se traducen en más poder o influencia, los pueblos son más fuertes y resilientes que los intentos de imponerles a la fuerza sistemas ajenos de gobierno. ¿Será que ahora, con este nuevo tramacazo aún más colosal, por fin, aprenderá la lección?

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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