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Desastre en Washington

Daniel García-Peña

30 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

Primero fue un terremoto, usuales en la costa pacífica pero totalmente exóticos en la costa atlántica. Luego un huracán, normal en la Florida y el sur del país, pero bastante raro en el nordeste.

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Los azotes inesperados de la Madre Tierra agitaron aún más el clima tormentoso que ha caracterizado a Washington desde hace rato. Hace menos de un mes, la profunda polarización entre demócratas y republicanos amenazó con el cierre del gobierno federal y, aunque falta más de un año para las elecciones presidenciales, la campaña ya está al rojo vivo.

Mientras la precandidata republicana Michele Bachmann, favorita de la derecha religiosa, decía, medio en broma y medio en serio, que el terremoto y el huracán habían sido “mensajes de Dios” contra Washington, el presidente Obama se esmeraba en estar atento y encima de la situación, liderando personalmente los esfuerzos de reacción inmediata a la emergencia.

El día en que el huracán Irene tocó tierra se cumplían exactamente seis años desde que Katrina devastó a Nuevo Orleans. Obama y su gobierno hicieron grandes esfuerzos para contrastar el manejo desastroso que en su momento le dio Bush, que marcó un profundo descenso en su popularidad, de la cual nunca se logró recuperar.

Si bien Irene fue una tormentica comparada con la fuerza destructora de Katrina, en esta ocasión las medidas de precaución a todas luces evitaron que los estragos hubieran sido mayores.

FEMA, la agencia federal encargada de responder a las emergencias y desastres, hasta ahora se ha lucido, pese a los profundos recortes que ha sufrido, por presión de los republicanos. Sin embargo, en días recientes, otro de los precandidatos republicanos había propuesto acabar con ella.

Irene sirvió de recorderis de que, en momentos críticos, el gobierno federal es necesario y evidenció la pertinencia de las grandes diferencias entre Obama y los republicanos.

Aunque la campaña apenas se inicia, a la fecha ya hay 16 precandidatos republicanos proclamados y se especula que el número podría aumentar con la eventual entrada de otros, como Sarah Palin o Giuliani.

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Según las encuestas, ya se vislumbran tres claros punteros. Una es la Bachmann, congresista de Minnesota, que cuenta con el apoyo de la mayoría del Tea Party, que agrupa a los sectores más de derecha. Hace unas semanas entró a competirle Rick Perry, gobernador de Texas, que saltó a encabezar las encuestas, con un discurso tan o más de derecha que la propia Bachmann. Esto puede favorecer al tercero en discordia, Mitt Romney, exgobernador de Massachusetts, que proviene del sector considerado moderado del Partido Republicano, pero que se ha derechizado para intentar conquistar la base republicana.

Falta mucho de aquí a noviembre de 2012 y Obama no la tiene nada fácil. El estado de la economía está cada día más grave y la insatisfacción con el presidente muy alta. Pero las dudas sobre sus contendores son aún mayores. Es probable que la principal ventaja de Obama sea la debilidad de aquéllos.

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