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Duque, mal parqueado en Washington

Daniel García-Peña

25 de enero de 2021 - 10:00 p. m.

En menos de una semana del gobierno de Joe Biden, ya se sienten nuevos vientos en la política exterior. Es claro el retorno al multilateralismo, evidenciado con el reingreso al Acuerdo de París sobre Cambio Climático y el reintegro a la Organización Mundial de la Salud. Es notable el nombramiento de gente experta, muchos con experiencia en la administración Obama, un contraste con la improvisación del caótico gobierno de Trump. Sin embargo, con una profunda crisis interna, es de esperar que en sus primeros meses Biden se concentre más en lo doméstico que en el exterior.

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Las relaciones con Colombia probablemente no se verán afectadas en el corto plazo. La diplomacia oficial se mantendrá con el gobierno de turno, o sea el de Duque, los militares colombianos y estadounidenses seguirán cooperando entre sí, la Fiscalía con el Departamento de Justicia, es decir, las relaciones institucionales continuarán su rumbo.

Sin embargo, hay varios motivos por los que, con el tiempo, las cosas sí se le pueden enredar al gobierno Duque.

En primer lugar, está la evidente intervención por parte del uribismo en las elecciones en Florida. Tachar a Biden como castrochavista fue efectivo dentro del electorado latino, clave para que Trump ganara el estado. En el caso de la elección a la Cámara de Representantes, María Elvira Salazar, la ex presentadora de CNN en español y furibunda trumpista, el día de su triunfo le agradeció por Twitter a Álvaro Uribe su invaluable apoyo. No es claro cuáles pueden ser las repercusiones, pero es de anotar que la persona derrotada por la candidata de Uribe fue la demócrata Donna Shalala, muy cercana a Nancy Pelosi. Ya se ha abierto una indagación en el Congreso sobre la posible interferencia foránea en las elecciones estadounidenses y se señalan a Rusia, China, Irán y Colombia.

La segunda falla que el gobierno colombiano tiene en su contra es el papel vergonzoso que jugó en los últimos días de la administración Trump para incluir a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo. Esto no solo constituye una puñalada trapera a un país que siempre ha colaborado con los procesos de paz, incluso en el gobierno de Uribe, sino que es también una mala jugada con la administración entrante de Biden, poniéndole un palo en la rueda a su intención de retomar la hoja de ruta establecida en los tiempos de Obama hacia a la normalización de relaciones con el gobierno cubano.

Pero sin duda el asunto más de fondo con el que el gobierno Duque tendrá que lidiar es el Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y las FARC, que el gobierno Obama-Biden apoyó. Su enviado especial Bernie Aronson jugó un papel decisivo, en particular en el punto cuatro, que contempla una política frente a los cultivos ilícitos muy diferente a la del gobierno actual, que persiste en amenazar con la fumigación.

Hasta ahora, el gobierno Duque ha tenido un doble discurso: hacia afuera asegura que está implementando el Acuerdo de Paz mientras que en Colombia hace lo posible por volverlo trizas, desconociendo su integralidad, atacando a la JEP y confundiendo con el discurso de “paz con legalidad”, como si fuera lo mismo que implementar lo acordado. Pero las cosas han cambiado. Los demócratas ahora controlan ambas cámaras del Congreso y hay varios legisladores influyentes, muy comprometidos con la paz y los derechos humanos en Colombia, que conocen bien al país, no comen cuento y han expresado preocupación por la falta de implementación y los asesinatos de lideresas y líderes sociales y excombatientes. Por su parte, el Embajador de Estados Unidos en Colombia ya dio su primera puntada, urgiendo al gobierno Duque “hacer más” frente a la implementación del Acuerdo de Paz.

Más allá de lo que el gobierno Biden, o los demócratas en el Congreso, hagan o no hagan, hay algo muy significativo: con la derrota y remoción de Trump, el uribismo y la derecha latinoamericana perdieron a su principal y más poderoso aliado, lo que constituye un duro golpe para Duque, Bolsonaro, Leopoldo López, etc.

Lo cierto es que, en la nueva realidad en Washington, el gobierno Duque se encuentra muy mal parqueado. Apremia un replanteamiento a fondo de la desastrosa política exterior, empezando por reemplazar a la inocua Canciller y aceptarle al Embajador en Estados Unidos la renuncia que presentó exactamente hace un año.

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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