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¡Es la desigualdad, estúpido!

Daniel García-Peña

13 de diciembre de 2021 - 11:59 p. m.

Después del año y medio más duro en muchísimo tiempo en materia económica, en diferentes rincones del mundo están celebrando la recuperación. Estamos todos mamados del encierro, de las penurias, de no vernos con amigos. Queremos aplaudir la reactivación, ver la luz al final del túnel, soñar que ha cesado la horrible noche.

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Sin embargo, no es tan sencillo. Los trabajos recientes de los destacados economistas colombianos Luis Jorge Garay y Jorge Enrique Espitia ponen en evidencia una realidad bien dramática, muestran los asuntos en su verdadera dimensión y plantean debates pertinentes.

Algunos datos ilustran la gravedad de la situación. En 2020 el PIB mundial decreció -3.5%, mientras en Colombia fue -6.8%. En cuanto al PIB por habitante, cayó -4.4% a nivel mundial y -7.8% en Colombia. En los primeros nueve meses de 2021 la reactivación en Colombia no ha alcanzado a contrarrestar la crisis acaecida en los nueve últimos meses del 2020. La recuperación tampoco ha llegado a la mayoría de la población ni por la vía del empleo ni de los ingresos y, en cambio, ha aumentado el número de personas en situación de pobreza monetaria. Se mantienen altas tasas de desempleo: 14.4% en septiembre 2021, comparado con 10.5% en marzo 2020, pre pandemia. Se denota una composición del crecimiento muy desigual, con unos sectores bastante dinámicos y otros muy estancados. A la vez, el número de puestos de trabajo perdidos por la pandemia fue mayor para las mujeres que para los hombres.

En la recuperación persiste la elevada desigualdad de los ingresos laborales. Antes de la pandemia, los ingresos del 1% de las personas con los mayores ingresos laborales eran 30 veces mayores que los del 50% con los menores ingresos; hoy, son 44 veces mayores. La remuneración laboral por hora laborada con respecto a la pre pandemia se incrementó entre diciembre 2019 y septiembre 2021 en 10.9% para la clase alta y 15.6% para la clase media, en marcado contraste con una drástica caída de -8.7% para quienes se encuentran en situación de pobreza monetaria. Además, existen brechas significativas de remuneración por hora laborada entre Bogotá y el resto del país. En el otro extremo se encuentra La Guajira, donde el promedio por hora laborada equivale a tan solo el 56% de la media nacional.

Garay y Espitia concluyen que en la recuperación macroeconómica se observan tendencias preocupantes hacia una agudización de la desigualdad, el agravamiento de la precarización laboral y la prolongación de la fragilidad del sistema de protección y seguridad social.

Antes de la pandemia, Colombia ya era uno de los países más desiguales de América Latina, de por sí la región más desigual del mundo. Con la pandemia, se borraron los avances sociales de los últimos 12 años y se aumentó la desigualdad. Y ahora, con la recuperación, la desigualdad se profundiza aún más.

No se trata de un debate ideológico ni debe ser la preocupación solo de algún espectro político. La desigualdad es una realidad manifiesta, documentada por Garay y Espitia, basados en cifras del Banco Mundial, la OCDE y la DIAN, entre otros.

De cara al proceso electoral que se nos avecina en Colombia, la desigualdad debe ser un tema neurálgico. Sé que muchos me dirán que es un concepto muy abstracto para una campaña, que solo lo entienden los técnicos, que según las encuestas no aparece como una de las preocupaciones de los electores, como empleo, corrupción o inseguridad.

Pero resulta que todas las anteriores son dimensiones de la desigualdad. La desigualdad es también sentirse ignorado, no tomado en cuenta por un sistema que favorece a unos pocos. En la política, la desigualdad se manifiesta en la apropiación de lo público para el enriquecimiento privado e individual, la corrupción. La desigualdad se gesta en un sistema de educación que profundiza la exclusión social y se perpetúa en una concepción de la salud como mercancía y no un derecho fundamental. Las manifestaciones de inconformidad y reclamos justos que animaron las masivas protestas sociales del 21N de 2019 y 28A de 2021 se pueden resumir en una sola frase: ¡no más desigualdad!

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En la contienda presidencial en Estados Unidos en 1992, George Bush basaba sus aspiraciones reeleccionistas en sus éxitos en política exterior, el haber ganado la Guerra Fría. Pero la campaña de Bill Clinton logró darle un golpe letal, increpándolo con la simple frase: ¡es la economía, estúpido! En Colombia en 2022, el asunto central es la desigualdad.

danielgarciapena@hotmail.com

*Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz

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