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Los Estados Desunidos de América 2020

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Daniel García-Peña
03 de noviembre de 2020 - 03:00 a. m.
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Hace cuatro años, escribí, como hoy, una columna para ser publicada el día de las elecciones en USA. La titulé “Los Estados Desunidos de América” y la inicié así: “Pase lo que pase hoy en las elecciones, una cosa sí es segura: USA amanecerá mañana más dividida que nunca.” No me equivoqué. Sin embargo, al dar mi pronóstico a favor de Hillary Clinton sí erré totalmente, como casi todos. Ya venía de una mala racha, habiéndome también descachado un mes antes con el plebiscito por la paz en Colombia, en el que estaba seguro, como la gran mayoría, que ganaría el Sí.

Hoy, las encuestas nacionales y estatales indican que Biden le ganará a Trump, incluso por un buen margen. Sin embargo, luego de la sorpresa de hace cuatro años y las tantas mañas, trampas y mentiras de la campaña de Trump, sigue rondando el fantasma de 2016.

Pero por varios motivos, 2020 no es 2016.

Uno: Biden no es Hillary. Mientras ella cargaba con una desfavorabilidad altísima y era la candidata del continuismo, Biden no genera mayores rechazos, ha aumentado su favorabilidad a lo largo de la campaña y es el candidato del cambio frente al gobierno actual.

Dos: los demócratas van unidos. Hace cuatro años, los votantes de Sanders hicieron malas migas con Hillary, al punto de que muchos se abstuvieron e incluso se estima que aproximadamente 15% de ellos votaron por Trump. Hoy, todo el sector de Sanders apoya decididamente a Biden, por haber acogido algunas propuestas del candidato socialista, pero, sobre todo, por el propósito central, dejando de lado las discusiones entre radicales y tibios, de sacar a Trump, cuya reelección sería catastrófica para la democracia y las causas progresistas. La presencia de Kamala Harris como candidata a la vicepresidencia afianza aún más el entusiasmo y respaldo de diversos sectores del partido.

Tres: la demografía. El aumento inusitado en la inscripción de mujeres, hispanos y jóvenes, entre otros, hace prever un aumento en la participación electoral, que juega a favor de los demócratas. Personas de edad, que suelen votar por los republicanos, se están inclinando por Biden, como en los estados claves de Florida y Arizona. Así mismo, en los suburbios de clase media en las afueras de las grandes urbes, antaño fortalezas de los republicanos, se registran virajes significativos a favor de los demócratas, elemento crucial para haber capturado el control de la Cámara de Representantes en 2018.

Cuatro: la geografía. Los estados de Michigan, Pennsylvania y Wisconsin que fueron prácticamente ignorados por Hillary en 2016 por considerarlos “fijos” y que para Trump resultaron siendo claves para ganar el Colegio Electoral, pese a haber perdido el voto popular, han sido en esta ocasión los más visitados por Biden, que de joven vivió en Pennsylvania. Hoy mantiene ventajas significativas en las encuestas en los tres estados.

Cinco: la pandemia. Más que cualquier otro factor, el manejo que Trump le ha dado desde un comienzo, con una segunda ola azotando en estos momentos a buena parte del país, alteró de manera significativa la que ya de por sí iba ser una campaña inédita.

Pero sin duda alguna, la mayor diferencia entre 2016 y 2020 es que Trump ya no es el outsider, el que nadie pensaba podía ganar y pocos se tomaron en serio, el que muchos votaron por él por desfogue, en protesta contra el estatus quo, sino que ha sido presidente durante estos últimos largos tres años, nueve meses y catorce días.

No cumplió con ninguna de las tres promesas que repitió una y otra vez a lo largo de su campaña en 2016: construir un muro en la frontera pagado por Méjico, encarcelar a Hillary y acabar con Obamacare reemplazándolo por “algo mucho mejor”. Tampoco retornaron los empleos del exterior como se lo prometió a los trabajadores industriales, mientras los granjeros han sufrido graves consecuencias por su guerra comercial contra China. Sin embargo, Trump ha logrado mantener el apoyo firme de su base que lo sigue adorando y respaldando ciegamente.

Les incumplió a los sectores populares, pero favoreció a los más pudientes, como él. A los superricos, les redujo los impuestos; a las industrias petrolera y carbonífera, les relajó las restricciones ambientales y al sector financiero, le eliminó regulaciones. Pese a su estilo poco pulcro, para los evangélicos es un enviado de Dios por haber cambiado con sus nombramientos la balanza en la Corte Suprema a favor de los más conservadores, con un impacto que puede durar generaciones.

La derrota de Trump no significará el fin del trumpismo. Es probable que él utilice la demora que seguramente surgirá durante el conteo a razón del gran número de votos por correo para denunciar fraude y sembrar dudas acerca de los resultados. El sólo hecho de que en círculos serios en USA se especule acerca de la posibilidad de que Trump se niegue a reconocer su derrota o a propiciar una transferencia pacífica del poder es insólito. Por otra parte, el aumento en la venta de armas en estos días y la presencia en muchos estados de milicias armadas de extrema derecha le agregan aún más tensión a una situación que ya de por sí es bien tensa.

Es poco probable que como expresidente Trump se jubile calladamente en Mar-a-Lago a jugar golf. Por ello, finalizo con la misma frase con la que inicié hace cuatro años: “Pase lo que pase hoy en las elecciones, una cosa sí es segura: USA amanecerá mañana más dividida que nunca.”

***

Pese a la pifiada de hace cuatro años, hago mi pronóstico. Biden ganará todos los estados que ganó Hillary en 2016, más seis ganados por Trump: Michigan, Pennsylvania, Wisconsin, Florida, Arizona y Carolina del Norte. Aunque Georgia, Ohio, Iowa e incluso Texas están al alcance de Biden, no quiero pecar por optimista y, por lo tanto, se los dejo a Trump. El conteo final en el Colegio Electoral: Biden 334 y Trump 204. De todos modos, recomiendo cruzar los dedos y no sobra prenderle velitas al Divino Niño.

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz

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Ewar(6960)03 de noviembre de 2020 - 05:48 p. m.
Todo iba bien hasta que invita a ponerle velitas al DN, la cagó profesor.
Julio(87145)03 de noviembre de 2020 - 04:47 p. m.
Parece increíble que en pleno siglo XXI aún estemos añorando salir de las tinieblas, cuando era de esperarse que hubiéramos salido de ellas desde el Renacimiento. Cuándo íbamos a creer que en el país del Norte, cuna de la tecnología, se iba a meter un chamán (despotrica de la ciencia) y charlatán a gobernar. Pero cosas se han visto. Verbigracia, en Colombia también lo hace un MEDIOCRE.
Eduardo(7668)03 de noviembre de 2020 - 01:15 p. m.
Velas al Divino y Niño y alfileres al Orangetan.
Camilo(27872)03 de noviembre de 2020 - 12:06 p. m.
Ese Trumpismo como el uricretinismo estan montados sobre las mismas bases de la mediocridad de sus electores, la complacencia con el matón del barrio, la admiración por el bandido, la necesidad de mentes vasallas de tener quien les grite, el temor a tener que pensar, las mismas precariedades personales.
  • Liliana(13412)03 de noviembre de 2020 - 03:14 p. m.
    Genial!!
Atenas(06773)03 de noviembre de 2020 - 11:23 a. m.
Y ahora, este siempre lagarto de la mamertosis y de corbatas lleno, y q' no acierta ni una, salvo el vivir pegado de la teta oficial, dicta cátedra sobre las elecciones en USA y se hace prolijo como si fuésemos sus atembados y primíparos alumnos. Y en él se configura la típica rémora de la democracia q' forma parte de un gran cardumen q' retrasa y dilata la senda del desarrollo. Pérfido sujeto.
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