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Palabras poderosas

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Daniel García-Peña
17 de junio de 2009 - 01:11 a. m.
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UN DISCURSO RARA VEZ TIENE EFECtos concretos y mucho menos inmediatos. La alocución del presidente Barack Hussein Obama, el pasado 4 de junio en El Cairo, parece ser uno de esos casos.

Fue toda una cátedra. Elogió los aportes del mundo islámico a la civilización humana y de los siete millones de musulmanes en USA, a la sociedad americana. Reconoció errores pasados, como el golpe de la CIA contra el gobierno en Irán, democráticamente elegido en 1953.

A pesar de no ser Obama el primer presidente gringo en haber consultado y leído el Corán —Tomás Jefferson contaba con un ejemplar en su biblioteca—, sí es el primero en provenir de una familia de tradición islámica, lo que le permite citar estos escritos sagrados tan profusamente.

Con franqueza y precisión habló, entre otros puntos, de los derechos de la mujer, la libertad religiosa, la tolerancia, la democracia y los derechos humanos. Con igual crudeza, condenó tanto los horrores del holocausto judío como la indignidad del desplazamiento forzado del pueblo palestino, y con pasión y sensatez defendió la “solución de los dos Estados”.

Por ello, es significativo que tan sólo diez días después del célebre discurso, el primer ministro israelí haya hecho el anuncio histórico de aceptar, por primera vez en la historia del conflicto palestino israelí, la posibilidad de la existencia de un Estado palestino al lado del Estado israelita.

Lo sorprendente es que dicho anuncio fue dado, ni más ni menos, por Benjamin Netanyahu, elegido recientemente a nombre del partido Likud de derecha, por ser el más duro oponente a la creación de un Estado palestino. Gobierna en coalición con los partidos nacionalistas sionistas con una tendencia de aún más de derecha que él. Guardadas las proporciones, es el Uribe israelí.

Por ello, el solo hecho de haber hablado de un Estado palestino, tiene un gran significado. Sin embargo, Netanyahu guardó silencio frente a los asentamientos judíos en territorios palestinos, los cuales el presidente Obama ha pedido que sean suspendidos, y puso unas condiciones que de entrada fueron rechazadas por los palestinos: reconocimiento de Israel como Estado nacional judío con Jerusalén como capital y la plena desmilitarización del Estado palestino, sin ejército, ni control de su espacio aéreo.

Pero como en cualquier negociación, el solo hecho de haber puesto sobre la mesa las posiciones es ya un buen comienzo, y por ello, el estar dispuesto a empezar a hablar sobre la base de la creación de un Estado palestino es un gran éxito de Obama.

No se puede olvidar que Estados Unidos ha sido el más fuerte y significativo aliado de Israel en el mundo, y por ende lleva consigo gran peso. Por derechista que sea, a Netanyahu no le interesa pelear con la cuchara.

De todas maneras, Obama no la tendrá nada fácil. Se trata de la región más conflictiva del mundo y en el camino se encontrará con múltiples obstáculos, como la reciente reelección controvertida de Mahmoud Ahmadinejad, como presidente de Irán. Pero es evidente que Obama empezó mandando mensajes poderosos que ya empiezan a generar los primeros efectos positivos.

danielgarciapena@hotmail.com

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