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Putin perdió

Daniel García-Peña

03 de mayo de 2022 - 12:30 a. m.

Se han cumplido dos meses desde que Rusia invadió a Ucrania y todo indica que la guerra no terminará pronto. Si bien es demasiado temprano para saber cuál será el enlace final, sí es claro que Putin ya fracasó en su objetivo original.

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Desde el inicio de la invasión, las tropas rusas amasadas desde el norte avanzaron sobre Kiev, la capital, y Járkov, la segunda ciudad más grande, con el fin de tomarse los centros de poder, confiadas en que su superioridad numérica y armamentística sería suficiente para aplastar al ejército ucraniano, forzar su rendición y propiciar el colapso del gobierno de Zelenski. Pero la toma a Kiev fracasó, obligando al ejército ruso a retirarse de las zonas aledañas. Tampoco han logrado avanzar sobre Járkov, cerca de la frontera con Rusia y, por lo tanto, presumiblemente más fácil de conquistar, aunque sí la han destruido bastante. Quizás el “premio mayor” ha sido Mariúpol, la ciudad portuaria en el este, en ruinas y a punto de caer, aunque persisten 2.500 soldados ucranianos, lo cual le permitiría a Rusia consolidar un corredor en el este conectándola con Crimea.

Pero el propósito original de una rápida y contundente ocupación de Ucrania, como la de Crimea en 2014, no lo logró Putin. Zelenski no solo no colapsó ni huyó, sino que se ha consolidado como indiscutible líder nacional y estrella internacional. Tanto el ejército como el pueblo de Ucrania han descrestado al mundo con su tenacidad para resistir frente al poderoso invasor. El costo humano ha sido inmenso: 5,4 millones de personas, principalmente mujeres y niños, han huido de su país y 7 millones son desplazados internos. Todo indica que la tragedia humanitaria podría seguir empeorando. La guerra, lejos del fin, parece prolongarse y podría incluso expandirse a otras partes, como a Transnistria, la república autoproclamada al oeste de Ucrania, en la frontera con Moldavia.

Lo que sí ha logrado Putin es fortalecer a la OTAN, aumentando su armamento y capacidad militar, y llevar a Suecia y Finlandia a pedir la entrada. Hasta Suiza, nación históricamente neutral por excelencia, se sumó a las sanciones económicas contra Rusia. En Estados Unidos, Putin hizo el milagro de unir a republicanos y demócratas en el Congreso, algo que hace rato no sucede, para aprobar US$14.000 millones de ayuda a Ucrania.

Para algunos despistados en Colombia, el actual conflicto se lee con los lentes de ayer. Pero como bien lo señala Víctor de Currea-Lugo, escribiendo desde Ucrania, Rusia no es la Unión Soviética. Si bien Putin viene de la KGB, en la Rusia de hoy reina el capitalismo de la peor estirpe, oligárquico y mafioso, mientras la invasión a Ucrania es una pura acción de imperialismo.

Pase lo que pase en el transcurso de la guerra, el lugar de Putin en el escenario global ha quedado fuertemente afectado. Aun luego de Crimea, pese a las quejas y sanciones que le fueron impuestas, él había logrado seguir siendo un líder de talla mundial que incluso fue anfitrión del Mundial de Fútbol de 2018. Pero la actual invasión a Ucrania lo ha convertido en un paria para buena parte del mundo, particularmente en Occidente. De todas maneras, sigue contando con poderosos aliados, o al menos no enemigos, como China e India. También es cierto que ha logrado mantener el apoyo de la mayoría de los rusos y, a la vez, ha aplastado a la fuerza todo brote de protesta.

Muchas cosas pueden suceder en esta guerra que hoy parece será más larga que corta. Es posible que Rusia retome la ofensiva, amplíe los territorios bajo su control en el Dombás y no abandone su objetivo de buscar la ocupación de todo el territorio ucraniano. Pero sin duda sería a un gran precio y un alto grado de destrucción. En estos días escuché a un corresponsal de guerra citando a un poeta de la Roma antigua: “Arrasaron el lugar, convirtiéndolo en desierto, y lo llamaron paz”. De ganar los rusos algún día por la vía militar, sería para ocupar un país destrozado.

La capitulación rápida de Ucrania y la borrada de sus fronteras que Putin soñó y planeó originalmente ya no fue. Lo que viene es una guerra prolongada, con altísimos costos, a muchos niveles. La economía global, apenas intentando recuperarse de la pandemia, se está viendo fuertemente afectada y las consecuencias las estamos pagando todos y todas. El sistema internacional sufrió un duro golpe al ver pisoteados los principios básicos de la ONU y el derecho internacional.

Pero, de lejos, con la guerra, la gran perdedora ha sido y seguirá siendo la población civil ucraniana. La diáspora los ha dispersado, muchos han perdido sus casas y pertenencias, sus ciudades han sido gravemente impactadas, cercanos y amigos han sido asesinados y ultrajados. Eso jamás podrán olvidarlo y sanarán difícilmente. El retorno será devastador.

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y director de Planeta Paz.

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