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Qatar o no Qatar

Daniel García-Peña

22 de noviembre de 2022 - 12:01 a. m.
"La escogencia de la sede no es culpa de los jugadores ni de los aficionados. Pero lo cierto es que los ojos del mundo están hoy encima de Qatar. Está por verse si esa atención global le permitirá al emirato venderse como el país moderno y del futuro que busca proyectar, o si, por el contrario, el estar en el foco de las cámaras del mundo sirva para hacer visibles las injusticias, la falta de democracia y las contradicciones culturales".
Foto: EFE - Rodrigo Jiménez
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Feliz, como millones de personas, por el Mundial, máximo evento del deporte más popular del planeta. Lástima que sea en Qatar.

Las controversias acerca del país anfitrión han dominado las noticias. Comenzando por los hermosos estadios súper modernos que fueron construidos por inmigrantes con pésimas condiciones laborales, al punto de causarle la muerte a centenares de ellos. En el país está prohibida la homosexualidad, castigable con 7 años de cárcel. Las mujeres están sometidas a estrictas medidas de discriminación. Las diversas polémicas han desatado protestas y llamados a boicotear la Copa Mundo. Artistas invitados, como Shakira, declinaron presentarse, aunque algunos, como Maluma, sí aceptaron.

Qatar es un país del tamaño del Departamento de Sucre con la población de Medellín, en una península desértica, riquísimo en petróleo y gas natural. Es una monarquía absoluta gobernada desde mediados del siglo XIX por la familia Al Thani. Históricamente el emirato fue una especie de satélite de Arabia Saudita, pero en las últimas décadas, se empezó a distanciar, acercándose a Irán, el gran rival de su inmenso vecino. En 1996, el gobierno fundó Al Jazeera, una cadena de noticias por cable de inmensa influencia en el Medio Oriente y en el mundo, compitiendo con la BBC en profesionalismo y seriedad. Después del 11 de septiembre adquirió especial relevancia por ser el único medio con acceso a Osama Bin Laden y Al Qaeda. Durante la primavera árabe, el cubrimiento fue percibido demasiado favorable a las protestas y sus trasmisiones fueron prohibidas en Arabia Saudita, Siria y otros países árabes. Mientras tanto, Qatar estableció buenas relaciones con la Hermandad Musulmana en Egipto y fue acusado de respaldar fuerzas rebeldes en Siria, Libia y Yemen. En 2017, Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y otros diez países rompieron relaciones con Qatar y decretaron el bloqueo.

A la vez, para contrarrestar la influencia saudita, Qatar desde tiempo atrás ha sido un aliado muy estrecho de Estados Unidos. Alberga la base de la fuerza aérea estadounidense más grande en el Medio Oriente, Al Udeid, clave para sus operaciones en la región. Dados esos lazos de confianza, Estados Unidos buscó a Qatar como puente con el Talibán y fue anfitrión de las negociaciones que lograron el Acuerdo de Doha en 2020 para ponerle fin a la guerra en Afganistán. Por su parte, Estados Unidos ayudó a mediar con Arabia Saudita y demás países para que en 2021 se reestablecieran relaciones con Qatar y se levantara el bloqueo en su contra.

Evidentemente, Qatar es un país con una política exterior especial, que busca proyectarse como líder en la región y jugador en el escenario internacional. Y sin duda alguna la adjudicación como sede del Mundial hizo parte de esa estrategia. Esta se logró en 2010 bajo la presidencia de la FIFA de Sepp Blatter, quien fue removido en 2015 por corrupción relacionada no solo con la adjudicación de Qatar 2022 sino también Rusia 2018. El llamado FIFA-gate, que involucró a los dirigentes de CONCACAF y CONMEBOL, evidenció que la FIFA es una federación de mafias que había puesto en práctica vender las sedes de los Mundiales al mejor postor, llámese oligarcas rusos o jeques árabes.

Si bien la FIFA pertenece al sector privado y no es una entidad pública ni un organismo multilateral, sus decisiones tienen impactos políticos que rivalizan con los de la ONU. Hace cuatro años, la FIFA le lavó la cara a Vladimir Putin, quien había invadido a Crimea en 2014, como anfitrión de la Copa Mundo, lo cual aprovechó para proyectarse como líder mundial. Esto hizo recordar el Mundial de 1978 en Argentina, cuando los militares utilizaron el evento como un respaldo a la dictadura. De todas maneras, también es cierto que en otras ocasiones la FIFA ha mandado mensajes políticos muy positivos, como sucedió con el Mundial de 2010, respaldando a la Suráfrica post-apartheid y rindiéndole un homenaje a Nelson Mandela.

Independiente de la geopolítica del deporte, los Derechos Humanos en Qatar y los mundos oscuros de la FIFA, nada de esto anula el hecho de que el fútbol es de lejos el deporte más popular del mundo; un tremendo espectáculo que mezcla talento, fortaleza, inteligencia y maestría artística; una pasión compartida por millones de personas de los más diversos lugares, culturas y razas. La Copa Mundo no solo reúne a los mejores jugadores y equipos de ese bello deporte, sino que es una fiesta de la humanidad, un ámbito de hermandad, tan necesaria en momentos de crisis, guerras y fracturas.

La escogencia de la sede no es culpa de los jugadores ni de los aficionados. Pero lo cierto es que los ojos del mundo están hoy encima de Qatar. Está por verse si esa atención global le permitirá al emirato venderse como el país moderno y del futuro que busca proyectar, o si, por el contrario, el estar en el foco de las cámaras del mundo sirva para hacer visibles las injusticias, la falta de democracia y las contradicciones culturales.

Por mi parte, estoy madrugando todos estos días para ver la mayor cantidad de partidos posible. En ausencia de la Selección Colombia, voy por Argentina, especialmente por Messi, y haciéndole barra a los latinoamericanos.

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz.

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