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“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay, Dios!” - Pedro Navaja, Rubén Blades y Willie Colón
Francisco Gutiérrez Sanín, colega columnista, acierta al decir que el peor enemigo de los analistas políticos es la realidad. Los resultados del 29 de mayo no estaban en mis cálculos ni en el de la inmensa mayoría de los analistas, que creíamos que la segunda vuelta sería entre Petro y Fico. Pero más allá del desconcierto, se hace necesario analizar y tratar de entender qué pasó y por qué.
En primer lugar, el solo hecho de que Petro y Rodolfo, dos candidatos en contra del sistema actual, hayan pasado a la segunda vuelta es una derrota contundente de Duque, Uribe, Gaviria, Pastrana, Vargas Lleras, el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido de la U y toda la clase política, lo cual me parece buenísimo. Por primera vez en 20 años, el candidato uribista no gana la primera vuelta. Colombia votó por el cambio.
Hay otros aspectos positivos de esta campaña que no siempre se perciben y por tanto vale la pena explicitar. Los candidatos más opcionados, incluyendo a Fico, dijeron estar a favor de la implementación del Acuerdo de Paz. Independientemente de que se les crea o no, o que haya sido por conveniencia electoral, no deja de ser muy significativo que el discurso anti-Acuerdo de la coalición del No que eligió a Duque hace cuatro años haya desaparecido del debate político. El propio Rodolfo, que votó por el No, dice que los acuerdos hay que cumplirlos y fue el único candidato que visitó y se reunió con excombatientes en un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR). También es muy importante que la renta básica, una idea que hace muy poco era considerada utópica y radical, haya sido incorporada en los programas de todas las campañas, independientemente de las diferencias en montos y alcance. Que el Acuerdo de Paz y la renta básica sean parte de los nuevos consensos emergentes en el país no es asunto de poca monta.
Asimismo, la votación de Petro fue histórica. De lejos, fue la más alta para un candidato de izquierda y mayor que cualquiera en una primera vuelta (más que Santos en 2010 y Duque en 2018). Obtuvo más votos en esta primera vuelta que en la segunda vuelta en 2018, señal que la tendencia ascendente de la izquierda en Colombia se consolida, otra buena noticia. Quizá el haberle apostado al triunfo en primera vuelta contribuyó a darle un tufo de derrota a semejante resultado tan significativo.
Otro dato positivo es que no hubo fraude ni se aplazaron las elecciones ni se cuestionaron los resultados, buena vaina para nuestra democracia enclenque.
También es de resaltar que la participación electoral subió a 55%, por encima del 53% hace cuatro años y del promedio histórico de 48%, aunque está por debajo del 58% en 1958 y 1974, del 59% en la segunda vuelta en 1998 y aún menos del record del 61% en 1946. Habrá que ver qué sucede en esta segunda vuelta.
Pero la novedad de la jornada es el ingeniero Rodolfo, una incógnita. Sin duda tiene rasgos personales y posiciones que son bien chocantes. Pero calificarlo de Uribe II, en mi concepto, es ignorar las grandes diferencias que existen entre los dos, pero, sobre todo, los tiempos distintos en que vivimos. Analizar la Colombia de 2022 con los mismos ojos de 2002 constituye un craso error. Gústenos o no, Rodolfo logró conectarse con una amplia gama de ciudadanos y ciudadanas de a pie que se identificaron con su rechazo claro y tajante contra los políticos corruptos.
En vez de insultar a Rodolfo o quienes votan por él, sería mejor que el Pacto Histórico hiciera una autocrítica para entender por qué Petro se dejó quitar la bandera anticorrupción, otrora su fuerte. Seguramente mucho tuvo que ver con su decisión de rodearse de políticos tradicionales y los coqueteos con César Gaviria, Luis Pérez y otros más. La entelequia del perdón social no ayudó. El todo vale pareció ser su nueva estrategia política.
Así lo indica la campaña malévola, sistemática y persistente de destruir a Fajardo. Empezó hace cuatro años cuando falsamente lo responsabilizaron del triunfo de Duque por haber votado en blanco, cuando en realidad el voto en blanco solo subió 400.000 votos de la primera a la segunda vuelta, algo insignificante en relación con el resultado final. A la vez, lo señalaron como tibio, aunque sus posiciones y programa se parecen mucho a los de Petro (¿o será que Petro también es tibio?). Pero la tapa de la olla fue cuando salió la absurda imputación de la Contraloría por el caso de Hidroituango, con clara motivación política impulsada por César Gaviria y Daniel Quintero tras escena, y las barras bravas petristas salieron en coro a tachar a Fajardo de corrupto. Cuando la Contraloría finalmente decidió levantar las medidas cautelares, no tuvieron la decencia o nobleza de rectificarse. Bien al contrario, como lo reconoció con orgullo la senadora electa Isabel Zuleta, respaldada por Petro, el objetivo de quemar a Fajardo ya se había logrado. Esto se sumó a la absurda peleadera interna del Centro Esperanza que tanto contribuyó a su lamentable descenso electoral. Pero destruir a una persona a punto de mentiras y calumnias, tomado del libreto del uribismo, no sólo es profundamente injusto con un hombre honesto y decente como Fajardo, sino, sobre todo, habla muy mal de quien acude a la bajeza como herramienta política. Peor aún, perjudica la cultura política colombiana, ya de por sí bastante sucia y polarizada. En la política, las formas son de fondo. De todas maneras, votaré el 19 de junio por Petro y Francia.
Colombia está cambiando, quizás no en la forma o dirección que pensábamos o hubiéramos deseado, pero que las cosas se mueven y evolucionan, no queda la menor duda. Se cierra un ciclo de la historia nacional y se abre uno nuevo en el cual las inmensas mayorías quieren el cambio. Independientemente de quién gane, estamos ante la oportunidad, como lo ha sugerido el propio Petro con la propuesta de un acuerdo nacional, de forjar nuevos consensos, en contra del régimen de corrupción y a favor de los más pobres y vulnerables, con políticas como la renta básica, y, sobre todo, con la construcción de paz. De esta manera, podemos superar la polarización y la descalificación de quienes piensan diferente, que tanto daño nos ha hecho. Sorpresas te da la vida, como dice la canción.
* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz.
