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La solicitud de preclusión por parte de la Fiscalía al caso que enfrenta Álvaro Uribe por manipulación de testigos tiene hondas repercusiones jurídicas, pero sobre todo políticas.
En cuanto a lo judicial, tristemente confirma lo que muchos sospechábamos: un fiscal de bolsillo, que le inflige un duro golpe a nuestro ya maltrecho Estado de Derecho. Manda el pésimo mensaje de que Uribe está por encima de la ley. Y una vez más, mientras los operadores (Diego Cadena y Álvaro Prada) están ad portas de ser encanados, el autor intelectual y principal beneficiario (Uribe) queda libre. Hay que advertir que se trata solo de un paso en un proceso que prosigue con la decisión del juez, apelaciones al Tribunal de Bogotá y, eventualmente, a la Corte Suprema. Es, además, uno de tantos otros casos que siguen abiertos en contra de Uribe por delitos mucho más graves que la manipulación de testigos.
Pero la acción de la Fiscalía tiene sobre todo un fondo político, con fuertes repercusiones de cara a las elecciones de 2022, que se resume con la portada de Semana, nuevo pasquín del uribismo: “Triunfo de Uribe”. Pese a que la solicitud de preclusión alude a un supuesto vencimiento de términos, el uribismo en sus diversas expresiones proclamó falsamente a todos los vientos que Uribe había sido exonerado. Pero efectivamente, por ahora, se salió con la suya, aunque le costó su curul en el Senado y el incremento notable de las canas.
Algunos malintencionados y despistados han dicho que fue una derrota de Iván Cepeda. Nada que ver. La derrota es de la justicia y del país. En todo esto, quien merece la mayor admiración, reconocimiento y respaldo por su rectitud, serenidad y valentía es precisamente Cepeda. No olvidemos que todo empezó por las falsas acusaciones de Uribe en su contra, que lo señalaron de manipular testigos, y no al revés.
Las patrañas mediático-jurídicas pueden ser efectivas en el corto plazo, aunque no siempre lo son en los términos largos. Lo cierto es que el uribismo no se encuentra en su mejor momento. Luego de mantener niveles de favorabilidad por encima del 60 % a lo largo de los ocho años de su presidencia y alcanzando un récord del 85 % después de la Operación Jaque, hoy Uribe solo tiene un 37 %, frente al 58 % de desfavorabilidad (Invamer). Hace 15 años, dos tercios de los colombianos lo apoyaban y solo un tercio nos oponíamos. Ahora, es al revés: un tercio se le mantiene fiel y dos tercios queremos algo diferente.
A eso se agregan los altos niveles de desfavorabilidad del gobierno de Duque. El uribismo está desdibujado y su proyecto político parece haberse reducido a defender a Uribe de sus líos judiciales. El discurso contra las Farc y Santos como enemigos de la patria ya no posee la misma fuerza y eficacia de antes. Y si las mejores caras que el continuismo uribista tiene para el 2022 son las de Marta Lucía y Zuluaga, la cosa está grave.
Pero el hecho de que el uribismo esté en declive no quiere decir que no siga siendo una fuerza muy potente, capaz de recomponerse, como sucedió luego de ser derrotado en la segunda vuelta en 2014, con el triunfo del No en el plebiscito en 2016. La ofensiva reciente por el acopamiento editorial de medios masivos como Semana, RCN y El Tiempo constituye un tremendo valor estratégico innegable, ya que éstos siguen teniendo un papel determinante en la definición de la matriz informativa y las narrativas dominantes, pese al creciente papel de las redes sociales. Asimismo, el cuento del castrochavismo les funcionó como herramienta discursiva en Colombia en 2018, en Florida en 2020 y sin duda lo intentarán utilizar aquí de nuevo en 2022.
Uribe, en las últimas dos décadas, ya ha dejado un legado poderoso, nefasto para unos, maravilloso para otros. Ahora, a las patadas, sea como sea, el uribismo quiere aprovechar este cuarto de hora en el poder para salvar a su jefe de tener que responder por las graves acusaciones en su contra y perpetuarse en el poder. Este reciente episodio, protagonizado por la Fiscalía, sólo nos confirma la eficacia de los torcidos en Colombia y cuán entroncados están las prácticas y poderes mafiosos. Pero también nos indica lo esencial que es para la sobrevivencia de nuestra democracia la derrota del uribismo en 2022.
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A propósito del castrochavismo, hay un cúmulo de acontecimientos recientes frente a Cuba que deben servir de alerta: un “dossier de inteligencia” de la supuesta intervención cubana en las elecciones del 2022, un intento de entrampamiento a la Embajada de Cuba con la información de un hipotético atentado del Eln, la investigación por parte de la Fiscalía de la autorización del gobierno de Santos al viaje de Gabino a Cuba, congresistas del Centro Democrático pidiendo el rompimiento de relaciones, sumados a las reiteradas solicitudes por parte del gobierno de la extradición de la Delegación de Paz del Eln y su decidido impulso a la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas por parte de la administración Trump. ¡Ojo! Hay un alto riesgo de exacerbación de los sentimientos anti-cubanos y un deterioro aún mayor de las relaciones con claros fines electorales.
* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz
