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4 Jul 2022 - 5:00 a. m.

“Alisten lotes para construir colegios y universidades”

Algunas preguntas y reflexiones que podrían preocupar al próximo ministro de Educación.

El trino del presidente electo Petro dice: “Les solicito a los alcaldes y gobernadores del país alistar lotes con títulos saneados para construir las sedes universitarias y colegios universidades que sustentarán la infraestructura de una sociedad del conocimiento”. Muy bien recibida la promesa (165K Me gusta y 32.2K retuits), pero el ministro de Educación in péctore probablemente quedó preocupado.

El concepto de “colegios universidades” es nuevo, aunque el programa de gobierno (pág. 31) sugiere que podrían ser los “colegios de educación media”: “Crearemos un sistema nacional de educación superior a través del cual se fortalecerá la red de universidades públicas, el SENA y los colegios de educación media”.

Casi todas las instituciones educativas con básica secundaria (hasta grado noveno), ofrecen la educación media (grados 10 y 11), o tal vez se refiere a los colegios técnicos industriales, con talleres, de los cuales quedan muy pocos. Por el contexto, parece que alude a infraestructura (física) para la educación superior.

¿Está delegando el presidente la decisión de dónde construir universidades y sedes a la provisión de lotes saneados por parte de los mandatarios municipales y departamentales? En la elaboración y aprobación de la política pública, ese no es el primer paso ni el segundo.

Hay al menos 17 departamentos que han estado 20 puntos porcentuales y más por debajo del promedio nacional en la cobertura de educación superior. Arauca, Córdoba, Magdalena, Nariño, Caquetá, Casanare, Putumayo, Sucre, Chocó, La Guajira, San Andrés Islas, Guaviare, Vaupés, Vichada, Guainía, Amazonas y Cundinamarca (sí, Cundinamarca).

¿Qué pasaría con el criterio de equidad regional si los alcaldes y gobernadores que alistan los lotes (primero o en su mayoría) no son de estos departamentos? ¿Y si el ministro de Hacienda pone, como lo hará Ocampo, un límite presupuestal para esas inversiones y no alcanza para construir en todos los terrenos ofrecidos? Son preguntas que válidamente tendría que hacerse el ministro de Educación que entra.

Dice el presidente electo que las nuevas construcciones “sustentarán la infraestructura de una sociedad del conocimiento”. Si el país depende para esto (sociedad del conocimiento) del cumplimiento de un trino y no de la infraestructura realmente existente estamos jodidos. Pero no es así.

Tenemos un acumulado de infraestructura de educación terciaria como base para impulsarnos como país, pero con un problema horrible a los ojos del programa de gobierno triunfante: la mayor parte es de instituciones privadas de educación superior.

Sin embargo, el “gran acuerdo nacional” podría no solo ser una confluencia de partidos políticos para las mayorías de gobernabilidad en el Congreso, sino una búsqueda de sinergias entre Estado, sector privado y sociedad civil en varios campos, es decir, una moderación del sesgo del programa de gobierno.

Un poco de pragmatismo haría que esta variante de solución no sea herejía: “que el Estado lidere la provisión de la infraestructura física y tecnológica necesaria y establezca el marco para que universidades públicas y privadas acreditadas concurran con oferta de programas en campus compartidos en esos departamentos (rezagados, en primer lugar). La administración de la infraestructura no es el núcleo de la educación y puede ser delegada”, como propuse en “Campus multiuniversidades para cobertura regional” (12/oct/2020).

Decía hace cerca de dos años que la nueva infraestructura recogería dos lecciones del Covid-19: i) la presencialidad es insustituible para ciertos efectos educativos, y ii) la virtualidad ofrece posibilidades inestimables. Se requieren más recintos grandes para clases magistrales vía remota de los mejores profesores, divisibles en salones pequeños para tutorías y debates presenciales. La obsolescencia de la infraestructura educativa se aceleró con el Covid.

Es más viable dotar campus con la más alta conectividad y tecnología que pretender que los estudiantes las tengan en su casa. Los jóvenes de Arauca, por ejemplo, podrían cursar programas conjuntos de los Andes y la Nacional, UniValle y la Javeriana, la de Antioquia, UniNorte e Icesi, con la calidad de sus profesores titulares en pantalla gigante e incluso con profesores auxiliares que viajen, mientras se crea la capacidad local.

Sí, hay que construir infraestructura para la educación superior, con un poco más de previsiones.

@DanielMeraV

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