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Que el anuncio del presidente sirva al menos para discutir la problemática de la educación media.
¿Será mucho pedir que los cambios en la educación los anuncien el presidente y el ministro juntos, luego de un proceso de elaboración? Los medios informaron que el presidente Petro dijo que “el año entrante” habrá “cambios en el bachillerato” y 8 días después ni la web del ministerio ni el twitter del ministro se habían ocupado del asunto. Un silencio elocuente.
El presidente Petro habló de “transformar los colegios de bachillerato en colegios -universidades, en donde se aprendan dos años de universidad” y añadió que “eso empieza a hacerse desde el año entrante”. Al parecer, no está al tanto de que el ministro Gaviria ha enfatizado las brechas de aprendizaje por la pandemia y la expectativa es ver cómo se enfrentará el problema en las aulas de clase.
Este anuncio es de la misma familia de aquel de “les solicito a los alcaldes y gobernadores del país alistar lotes con títulos saneados para construir las sedes universitarias y colegios universidades que sustentarán la infraestructura de una sociedad del conocimiento”, pero con más potencial negativo porque puede echarse a andar con actos administrativos y sin recursos.
Los estudiantes que cursarán décimo grado en 2023 traen baches de conocimiento y de competencias de los grados séptimo y octavo, que vieron bajo pandemia, muchos a punta de guías que enviaban los profesores por whatsapp. El reto es nivelarlos en los grados décimo y once, pero el presidente piensa que así estén bajitos de comprensión lectora, hay que darles “materias de universidad”.
Probablemente, la mejor manera del minEducación para discutir esto con el primer mandatario sea el silencio, con la esperanza del olvido. Pero no deberían confiarse porque en campaña propuso crear el grado 12 “para que sea ya universidad dentro del colegio”, en una entrevista en la emisora Tropicana que reseñó Semana (donde relacionó esto con quitar los “exámenes de admisión a la universidad”, pues “habría entrada libre por derecho”).
O preocuparse por futuras salidas de este tipo e irse todo el equipo técnico del minEducación a Casa de Nariño con un listado de esas ideas a explicarle al presidente por qué o son malas iniciativas o no se puede precipitarlas para “el año entrante”, con el riesgo, claro, de que entren a la categoría de “enemigos internos”.
Por ejemplo, el grado 12 merece una discusión. Colombia exhibe internacionalmente un año menos de escolaridad básica (11 años versus un patrón de 12) y varios años de menor aprendizaje respecto de la edad y el grado. Si impresiona la diferencia de conocimientos, habilidades, léxico, personalidad entre niños de la misma edad y grado pero de distinto acceso a educación de calidad en Colombia, pues así mismo estamos en conjunto frente a otros países.
Naturalmente, la manera estructural de resolver ese atraso como país es la atención integral de calidad, universal, hasta los tres años de edad, y el preescolar integral de tres grados desde los tres años para asegurarnos gran parte del potencial de las nuevas generaciones durante el periodo crítico del desarrollo neuronal, la primera infancia. Pero aquí estamos en el plan de darles matrícula cero universitaria a hijos de familias pudientes en lugar de atención integral a niños de familias pobres.
Al tiempo, sí tenemos un gran problema con la educación media (grados 10 y 11), que ha dado lugar a la articulación con el Sena, a “en una mano el cartón de bachiller y en la otra, el de técnico laboral” del presidente Duque, y ahora al “colegio-universidad” del presidente Petro.
De mi columna “Programa de reforma de la educación media” (18/oct/2020), voy a repetir esto: La diferenciación de la media requeriría: i) comenzar la orientación vocacional (proyecto de vida) en grado octavo (que es previa y distinta a la socio-ocupacional); ii) finalizar la básica secundaria con una prueba Saber reformulada como requisito de promoción que ayude, además, a la decisión individual de cuál modalidad de media seguir; y iii) finalizar la media con una prueba muy distinta de Saber 11, que evalúe la media y no toda la secundaria”.
El grado “12″, necesario, entre otras razones para no tener bachilleres demasiado jóvenes, muchos de 15-16 años (algo inusual comparado con países desarrollados y que les cuesta a los jóvenes y a la educación superior), no debe ir necesariamente después del grado 11. Podría ser también después de grado quinto o de noveno. Hay que analizarlo bien e incluso hacer pilotos regionales.
Pero es de temer que la reforma educativa en este periodo va a estar torpedeada desde arriba.
