Los grupos violentos en el campus, ¿se desmovilizarían con la firma de la paz en La Habana? ¿Qué hacer con los que no?
“Decir adiós a la guerra: empecemos desde las universidades”, se tituló la conferencia que dictó en julio Carlo Tognato, profesor del Departamento de Sociología y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia. En agosto, Juanita León lo entrevistó en La Silla Vacía: “La U. Nacional tiene que comenzar por decir adiós a la guerra”. Se trata de un debate necesario.
Son bastantes los planteamientos de Tognato y habrá un panel en Uniandes para reflexionar sobre el papel de los medios frente a la problemática descrita por él. “Decir adiós a la guerra implica el cese de la violencia y de la intimidación en los campus universitarios por parte de los grupos violentos”, anota. La cuestión es si bastará la eventual decisión de las Farc de dejar las armas, o faltará un acuerdo similar con el Eln, para que los grupos violentos en las universidades se “desmovilicen”.
El profesor Juan Gabriel Gómez, del Instituto de Estudios Políticos de la misma universidad, tuvo la audacia de pedirle al rector Mantilla que suspendiera el apoyo académico a los diálogos si las milicias seguían haciendo tropel, disturbio. El rector respondió que no suspendía el apoyo. Tampoco le ha pedido públicamente a la cúpula de las Farc que “desescale” la guerra en la Nacional desautorizando el uso de armas y explosivos en el campus.
Hay, además, grupos anarquistas y autónomos violentos sin relación orgánica con las guerrillas. Si bien la desmovilización de las Farc causaría un profundo impacto en las universidades públicas, especialmente en la Nacional, el adiós a la guerra en el campus puede ser muy complejo. El profesor Tognato sugiere un proceso voluntario y adelantado respecto del de la sociedad que incluiría reconocimientos de nexos de académicos con la guerra, como el que hizo hace poco Antanas Mockus.
Pero se debe prever que no resulte tan voluntario ni tan adelantado, no obstante que la mayoría abrumadora no aprueba la violencia. Probablemente se necesite que “Timochenko” vaya al auditorio León de Greiff y cierre el capítulo de la lucha armada de las Farc en las universidades públicas. Y, de paso, ayude a limpiar las paredes de la universidad en una brigada organizada por Mockus y el “Señor Rayón” sin máscara antigas. Aceptemos que “Gabino” hace lo mismo y pinta a Camilo Torres sin fusil. Después de esos cierres simbólicos, ¿qué hacer si persisten manifestaciones de violencia, sea por grupos ligados o no a las guerrillas desmovilizadas?
Quedaría, entonces, el adiós a la guerra impuesto. La 'extra-territorialidad' no podría seguir. El Estado tendría que defender los derechos de todos y aplicar la ley. La convivencia actual con los grupos violentos se acabaría. La renovación del ethos sería más dolorosa.
Carlo Tognato piensa en la relación con el país: “Para que Colombia pueda decir adiós a la guerra, sus universidades tienen que dar el ejemplo y decir adiós ellas mismas a la guerra”. Sería lo ideal, pero tenemos que salir adelante aun sin ese ejemplo.