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Corregir el esquema de remuneración salarial de los profesores podría aumentar pertinencia del subsector.
En la educación superior (ES) son buenos para proponer cambios de la sociedad o del sistema, pero no del propio subsistema. “Proponga un cambio de la sociedad que comience por la educación superior” es un desafío que puede resultar desconcertante. Es más fácil ver las fallas de otros ámbitos que las del propio.
¿Podemos, con el mismo dinero público, inducir innovaciones o cambios deseables en la educación superior (que conecten con, o impulsen, transformaciones en la sociedad y la economía)? La respuesta es sí, ajustando reglas e incentivos, y este es un principio general de reforma que sirve para muchos sectores.
Una aplicación de este principio es la propuesta de los “títulos de valor social” (TVS) que emitirían las instituciones de ES estatales como un mecanismo de correspondencia con las transferencias de la nación. En el aspecto macrosectorial, los TVS modificarían los términos de la relación de la ES con el Estado, la economía y la sociedad.
Por poner un ejemplo, las universidades están ausentes hasta ahora en los Pactos Territoriales que firma Planeación Nacional con gobernaciones y alcaldías para adelantar proyectos de desarrollo (antiguos contratos plan). Van cerca de 400 proyectos, normalmente a cinco años, por $14 billones. Esos proyectos necesitan muchos estudios que pueden realizar las universidades.
En un diseño macro, el poder político puede decidir que los “títulos de valor social” corresponderán a mínimo 60% de las transferencias de la nación a las IES estatales, es decir, alrededor de $3 billones hoy. Para el caso de los $14 billones de inversión de los Pactos Territoriales, el gobierno de turno podría programar que usará, p.e., $400.000 millones de TVS para los estudios que se necesitan en los proyectos.
¿Cómo “usará” TVS el gobierno, si las universidades son autónomas? Respuesta: reconociendo a la IES un precio (digamos el 5% del valor nominal) por cada TVS redimido en los proyectos señalados de su interés. Si las IES privadas también emiten TVS, el Estado les pagaría el mismo precio, es decir, habría competencia.
Una forma más sencilla de asegurar y coordinar el aporte de la ES a la economía y la sociedad, aunque menos eficiente en Colombia que en China, sería una dictadura, que no es posible ni deseable. En general, el diseño macro de los TVS no luce complicado. En cambio, sí, el diseño micro en el nivel de los estímulos de los estudiantes, los profesores, las unidades académicas y las IES.
Como me señala con humor el profesor Víctor Manuel Gómez, de la Universidad Nacional de Colombia (de donde soy egresado), los TVS serían una “ficción” si no se entienden con los “comités de puntaje”. La remuneración salarial de los profesores está atada a los puntos que obtienen por publicaciones en revistas indexadas, obviamente sin importar si tienen lectores nacionales o si son pertinentes para problemas y contextos del país. Se trata de nuestra modesta (y costosa) contribución al conocimiento internacional.
Este esquema de estímulos perjudica a los estudiantes (que poco lo notan) porque, no tan sorprendente, el desempeño en la docencia no afecta el salario (solo felicitaciones y menciones honoríficas). Si reconocemos la inconveniencia de este sesgo, podemos diseñar unos estímulos salariales de los profesores más equilibrados entre docencia, investigación y extensión, con una clara vocación hacia mayor utilidad y pertinencia de la ES, que permitan que los TVS sean bienvenidos en los “comités de puntaje”.
Al final está la “acreditación institucional de alta calidad”, que nos hemos demorado en refinar para acreditar por misiones o áreas, con categorías, que sirvan para decisiones de política pública y de los hogares (aquí mi columna “Se perrateó …”). En cualquier caso, la contabilidad de los TVS debería ser un indicador en los factores de los procesos de acreditación de programas, facultades (todavía no ocurre) e instituciones.
Ciertamente, los TVS en relación con las ciencias sociales merecen una discusión aparte. También que los estudiantes, incluso bajo nuestro capitalismo defectuoso, serían los mayores beneficiados. Pero será en otras columnas.
