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2 May 2022 - 5:00 a. m.

“Crisis existencial” de la educación y bienestar socioemocional estudiantil

Como sabemos, el bienestar emocional de los estudiantes influye enormemente en su aprendizaje, y el primer condicionante del estado emocional del alumno es el hogar. A su vez, el hogar es el resultado de una historia familiar. Para muchos niños y adolescentes esto es una carga emocional que nuestro sistema educativo no está preparado para tratar.

Si entendiéramos la educación como “un proceso constructor de sociedad” y a “las instituciones educativas como el segundo núcleo de la sociedad, después de la familia y en conexión con esta”, estaríamos midiendo los factores socioemocionales y preparándonos para ingresar contingentes de psicólogos (familiares y educativos) y de trabajadores sociales a la planta profesional de la educación.

No tiene sentido que niños y adolescentes se aburran en los salones de clase con contenidos que no entienden ni les interesa, mientras su ser en formación navega en sentimientos encontrados que no pueden procesar solos. Este fenómeno hay que verlo con nueva perspectiva. Las categorías de análisis se han desgastado y la realidad educativa las supera.

Hablamos de calidad educativa por los resultados en las pruebas Saber 11 (nuestro interés y capacidad institucional no alcanzan para hacer seguimiento a las otras pruebas Saber, 3, 5, 9 y recientemente 7), pero no tenemos palabras para designar lo que está detrás de la (ignorada) “crisis educativa” o “crisis de la calidad educativa”.

Mi impresión es que estamos en mora de reconocer una “crisis existencial de la educación”, pues tenemos suficiente evidencia para hacernos profundos cuestionamientos acerca de los fundamentos y las razones que sustentan la organización y las prácticas que constituyen la institución escolar.

Tras doce años en el sistema educativo (un año de grado transición, cinco de primaria, cuatro de básica secundaria y dos de media), ¿qué saben, qué competencias tienen y qué calidad de seres humanos son nuestros jóvenes bachilleres? Contamos con evidencia para estar profundamente insatisfechos con las respuestas.

La salida fácil es echarles la culpa a los profesores, al Ministerio de Educación o a Fecode, pero en realidad se trata de cosas que no deciden ellos, pues se adoptan en un nivel macro y fundamental. La misión de la educación y la organización y las herramientas para cumplir la misión son decisiones del poder político nacional, del Congreso y del Gobierno.

Ciertamente, hay intereses gremiales que se resisten al cambio educativo cuando este se traduce en reformas concretas, tipo evaluación docente o régimen de ascenso, pero es preciso reconocer que las organizaciones y los detentadores del poder político no tienen propuestas articuladas de reforma estructural de la educación porque si el personal docente exhibe falencias, ellos todavía más.

Lo que deben aprender (no esa absurda cantidad de materias que olvidan al periodo siguiente, incluso los padres y madres de familia que hacen las tareas), los profesionales que atenderán a los niños y adolescentes (ni siquiera se cumple lo de una orientadora escolar por cada 500 estudiantes), las metodologías de enseñanza-aprendizaje (no esa pretensión de verter saber en las mentes como llenando un recipiente), y los indicadores de aprendizaje (no únicamente de conocimiento y de competencias cognitivas), son asuntos fundamentales que no se pueden dejar en manos solamente de los políticos, pero tampoco de los docentes o los expertos, pues todos tienen sesgos.

Debe ser una discusión plural. ¿Queremos empezar a cambiar la conversación? No pregunte por las pruebas Saber y el nivel del colegio en el Icfes. Pregunte por el bienestar socioemocional de los estudiantes.

Quibdó, restaurante Brisas del Atrato, a la orilla del río.

@DanielMeraV

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