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No ayudan mucho las becas para ricos (gratuidad) y la negativa de becas para humildes en las privadas.
Algunas reacciones a las críticas sobre la gratuidad universal en la educación superior estatal nos recordaron que no todos aprecian la integración social en la educación. “Los ricos no van a las universidades públicas; así que no se preocupen por la tal inequidad de la gratuidad para ellos”, ha sido un argumento.
Los pudientes sí van a las universidades públicas de calidad, solo que pocos y a pocas carreras. Y bueno, eso es un problema, no le conviene a la función (múltiple) de la educación superior (ES) en la sociedad. Como tampoco le conviene universidades privadas con alta concentración de estratos altos.
La función integradora de la ES ayuda a construir ideales de la nación, como la igualdad (básica), y a mezclar orígenes, talentos y perspectivas, lo que potencia el consenso y la innovación.
Entonces, no está bien que tengamos universidades públicas con más de 90% de estratos 1, 2 y 3. Deberíamos detenernos en las razones por las cuales los estratos superiores no acuden a ellas. Y eso tiene que ver con el pluralismo.
En las clases medias y altas la socialización de tradiciones familiares, de sensibilidades, de pensamiento y de cultura es más intensa y deliberada, por lo que los hogares toman decisiones respecto de cuestiones no académicas de las universidades públicas, donde con frecuencia no encuentran los entronques o espacios para esas expectativas asociadas a la educación superior.
Con más pluralismo y respeto por las diferencias en las universidades estatales, los estratos medios y altos considerarían más el ingreso a ellas. Bueno, ahora el gobierno les promete un incentivo poderoso: no cobrarles nada por matrícula. Literalmente, una beca (no porque esté interesado en los beneficios del policlasismo, sino por su ideología “proto-socialista”).
Beca que les niega a los pilos de escasos recursos que quieren ingresar a las universidades privadas de calidad (también por ideología, esta vez contra los subsidios a la demanda). Y aquí es grande el contraste con el esfuerzo que hacen algunas universidades privadas de alta calidad para aumentar su proporción de estudiantes de estratos 1, 2 y 3.
Están incrementando su compromiso con la función integradora (incluyendo la diversidad), lo que redunda en sembrar movilidad social y una creatividad más orientada a las soluciones para distintas realidades del país, sin rebajar la calidad y sin menoscabar su identidad y su ethos, lo que lleva de nuevo al pluralismo (entre instituciones y dentro de ellas).
Los estudiantes y los hogares se acogen al proyecto de cada universidad de su preferencia, es decir, el policlasismo les permite ampliar el radio social de su influencia. Antes, una idea reducida del estatus rehuía la mezcla social. Ahora, afortunadamente, los parámetros están cambiando y lo que falta es encontrar o afinar la fórmula financiera para la inclusión (no propiamente la nueva gratuidad).
