Publicidad
12 Sep 2022 - 5:00 a. m.

Descentralización política, pero no administrativa como se conoce

Se necesita versión 4.0 de la ley de ordenamiento territorial que impulsó Vargas Lleras.

En los 20 años de la Constitución de 1991, en 2011, Germán Vargas Lleras era el ministro del Interior y no disimulaba bien la conciencia de la ironía: que él, que no ha sido un entusiasta de la Carta, tuviera en sus manos mayorías en el Congreso para hacerle reformas, eventualmente, en los 20 años de expedida.

Por esos días, las ideas federalistas de Eduardo Verano de la Rosa tenían cierta presencia en el debate público, por lo que muchos agradecimos que Vargas Lleras sacara adelante una ley de ordenamiento territorial, la 1454 de 2011, sin incurrir en las quimeras de Verano de la Rosa.

Básicamente, la Ley 1454/2011 dice de muchas formas, implícitamente, que el municipio se ha quedado corto como “entidad fundamental de la división político-administrativa del Estado”, según reza el artículo 311 de la Constitución. La ley quería promover “mecanismos asociativos que privilegien la optimización del gasto público”.

Una década larga después podemos decir que la Ley de ordenamiento territorial no ha sido efectiva porque no tiene dientes o incentivos para promover lo que quiere. No se trata de volver obligatoria la asociatividad de municipios, sino que cueste no hacerlo, cuando sean evidentes los beneficios de acudir a ella.

La Ley sueña con que “se conformarán libremente por dos o más entes territoriales para prestar conjuntamente servicios públicos, funciones administrativas propias o asignadas al ente territorial por el nivel nacional, ejecutar obras de interés común o cumplir funciones de planificación, así como para procurar el desarrollo integral de sus territorios” (artículo 11).

Es un clamor por las economías de escala, un imperativo desatendido porque concebimos la descentralización como si los componentes político y administrativo fueran inseparables o no se pudieran diferenciar. Ciertamente, en nuestra cultura política a un alcalde se le elige para que mande en la administración municipal.

Pero resulta que esa administración municipal es inviable por tamaño, falta de profesionalización y de financiación, y más le valdría al alcalde sentarse con tres o cuatro colegas de municipios contiguos para establecer las directrices de una operación conjunta de rellenos sanitarios, por ejemplo, en cabeza de un gerente competente.

Como esta lógica económico-financiera y administrativa se necesita en varias de las principales responsabilidades a cargo de los alcaldes, muchos de estos dirán que no van a mandar (como “reyezuelos”) en casi nada y que cómo van a recuperar la plata que se gastan en las elecciones, si ahora habría que nombrar gerentes que no dependen de un único mandatario.

Hay demasiados municipios pequeños a los que habría que ponerles condicionamientos en las transferencias de la nación y en regalías para que reciban menos si insisten en administrarse en una escala que disminuye dramáticamente sus posibilidades de progreso. Se trataría de un proceso gradual, que en todo caso requiere una reconceptualización y rediseño de la descentralización político-administrativa comenzando por el nivel municipal.

En esencia, ese fue mi mensaje en “Cartas sobre la mesa” de RT en español (cuyo origen ruso no se le notó en esta emisión, al menos) sobre descentralización, con el director de la Federación Colombiana de Municipios, Gilberto Toro, y un experto en ordenamiento territorial, Álvaro Randazzo.

@DanielMeraV

Síguenos en Google Noticias
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.