Si son 25 años, con cuatro iniciales de recuperar seguridad, desactivar crisis, sin corrupción y venciendo el péndulo en 2030, estaría bien.
Internacionalmente, “país milagro” se refiere al desarrollo acelerado de Japón en la posguerra (1945-1973) y de los cuatro tigres o dragones asiáticos (Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur) que en 1965-1990 crecieron a tasas superiores al 5 % con mejoras sustanciales del bienestar y la distribución del ingreso. Luego se habla de los casos del “tigre celta”, Irlanda, que pasó de país pobre a rico entre 1987 y 2007, y de Polonia, “tigre vístulano”, que en 1990-2020 creció al 4 % anual, principalmente.
Como Colombia está en un periodo de crecimiento bajo (2023: 0,6 %; 2024: 1,6 %; 2025: 2 % y 2026: alrededor del 2,5 % estimado), nos conviene que entendamos “patria milagro” como el propósito de crecer al 5 % anual durante 25 años para pasar de ser país de renta media a “tigre cafetero” en la leyenda mundial, antes de 2050, cuando tendremos 180 mayores de 60 años por cada 100 menores de 15 (hoy 67, DANE).
Así que, desde esta perspectiva, corresponde esperar que el gobierno de Abelardo de la Espriella establezca las bases del “milagro colombiano”, usando la experiencia de otros países, y, sobre todo, que incremente las mayorías para mantener el rumbo en la elección de 2030. Como en los procesos de canonización, se requiere que el milagro sea “permanente”.
El nuevo gobierno, sin embargo, difícilmente podrá poner en práctica el lema de “nunca desaproveches una crisis” para introducir reformas. Primero, porque las crisis declaradas que recibe, de control territorial, seguridad ciudadana y del sistema de salud, y las crisis no declaradas o inminentes, de las finanzas públicas y de energía eléctrica y gas natural, en lo urgente se enfrentan con buenas decisiones del ejecutivo, sin depender tanto del Congreso.
Segundo, porque la polarización expresada en el estrecho margen de la victoria electoral hará más exigente y delicada la administración del capital político. Un gobierno que recupere la seguridad y desactive las crisis sectoriales más protuberantes, sin escándalos de corrupción, respetando la Constitución y las leyes, sería un gran gobierno. Como anoté en PosPetro: entre corregir y reorientar el ´cambio´ (29/12/2024), la chambonería ideologizada y destructiva puede terminar por imponer una etapa de normalización, aplazando reformas.
Y la “patria milagro” o el “milagro colombiano”, sin reformas estructurales e institucionales, es imposible, como muestra la experiencia de los países llamados “tigres”.
Adicionalmente, la evidencia es inquietante: en las últimas dos décadas, ningún país de ingresos medios del Sudeste Asiático y América Latina ha entrado al grupo de países de altos ingresos (Centro para el Desarrollo Global). El Informe sobre el Desarrollo Mundial de 2024, La trampa de los ingresos medios, proyecta que Brasil y México estarán más rezagados económicamente frente a Estados Unidos en 2100 de lo que están hoy.
En esencia, nos toca hacer lo que científicamente sabemos necesario y esperar un resultado exitoso con una parte inexplicable (milagro). La agenda reformista estructural toca la política (un sistema multipartidista estructurado y funcional y un sistema electoral mixto, con mínima corrupción), el Estado (instituciones fuertes, eficientes, profesionalizadas, libres de interferencia política y clientelismo), el tipo de capitalismo (o economía de mercado liberal, EE. UU., Reino Unido, o de mercado coordinado, Alemania, Japón, siempre con orientación exportadora, y asumiéndose en el diamante norteamericano, como dice Alejandro Salazar.
También la cultura (menos familismo amoral y más civismo y confianza generalizada, mejores actitudes hacia el trabajo, el tiempo, la innovación y las reglas informales de la economía; menos esencialismos identitarios), el contrato social (corresponsabilidad en equilibrio con los derechos, mejor distribución primaria del ingreso por productividad y redistribución con equidad), y la educación (para conectarse con los requerimientos del desarrollo acelerado).
El milagro requiere inversión sostenida en el rango del 30-40 % del PIB, coalición dirigente de largo plazo y otra cosa difícil: coherencia macro-meso-micro: reglas del juego claras en el nivel nacional, arreglos institucionales sectoriales que transmiten los incentivos correctos, y micro-incentivos alineados a nivel de firma, escuela y familia. Solo así sonreiríamos con la Productividad Total de los Factores y el progreso socioeconómico de los colombianos.