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La decisión del presidente Duque puede ser el primer paso para convertirnos en potencia futbolística mundial.
Colombia tiene el talento y cada vez más el biotipo para ser potencia futbolística mundial, pero le falta organización y competencia. Por ejemplo, del top 10 de la FIFA, Colombia es el único país sin tercera división con ascenso, como mostró el académico Hernando Arias (por las goleadas ante Uruguay y Ecuador caímos al puesto 15).
Estamos en mora de adoptar una política de Estado para ser una potencia futbolística y maximizar los beneficios económicos, sociales y culturales que puede rendir este deporte en nuestra sociedad. Ejecutada por el sector privado, sí, pero política de Estado (que no llegue cada gobierno a improvisar).
No lo que tenemos hoy: la dirección del principal motivo de orgullo de la identidad colombiana sustraída del debate público necesario para un acuerdo nacional y sometida a escándalos que nos indignan a todos. Por eso acierta el presidente Duque cuando le dice al ministro del Deporte que debe gestionar la creación de la Primera C o tercera categoría en el fútbol profesional.
El jefe del Estado impulsa así un cambio clave, y hay que reconocer el mérito que también tienen el mismo mindeporte, Ernesto Lucena, comprometido de tiempo atrás, y Diego Molano, director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República.
La iniciativa la habría podido tener la dirigencia del fútbol (Federación, Dimayor y Difútbol) en la nutrida audiencia pública de la Comisión VII de la Cámara de Representantes el pasado 23 de noviembre, pero ninguno asistió. El ministro sí, justo de camino a una reunión con el presidente. Ahora la iniciativa la tienen el gobierno y el Congreso.
Específicamente, la Comisión VII de Cámara, encargada del deporte, que ya había aprobado una citación de control político al ministro Lucena como reacción a la inasistencia de la dirigencia del fútbol a la audiencia pública. Y que ahora, con la decisión presidencial, se apresta a liderar la reforma de la Ley 1445 de 2011 para el aterrizaje de la tercera división.
El grupo multipartidista de congresistas que convocó la audiencia reforzará su misión: Juan Diego Echavarría, presidente de la Comisión y exfutbolista (Liberal, Antioquia); Jhon Arley Murillo (chocoano con curul afro); Jennifer Arias, exfutbolista (Centro Democrático, Meta); Norma Hurtado (Partido de la U, Valle) y Jairo Cristancho, decidido por la democratización del fútbol profesional (Centro Democrático, Casanare). Los cinco, comprometidos emocionalmente con el tema, que no van a cesar en el empeño.
Con todo, la historia debe registrar que la propuesta provino de la sociedad civil: de la Asociación Colombiana de Clubes de Fútbol Aficionado, ACCFA, dirigida por el exfutbolista profesional y abogado Andrés Guapacha; de Jesús Ramírez, reconocido dirigente del fútbol aficionado de Antioquia, y de un grupo de analistas encabezados por Daniel Pabón, Hernando Arias, Luis Fernando Cruz y Jorge Edier Peralta. Tres propuestas presentadas formalmente este año, por separado, ante las entidades del fútbol.
El siguiente, sin embargo, es mi propio resumen de ideas de los tres pensando en un marco para la conversación con la Federación, Dimayor y Difútbol. Si bien una “política de Estado” es superior a regulaciones no estatales y a intereses creados, resulta necesario negociar con estos. Así, a los 16 equipos de la B, que están muy cómodos sin riesgo de descenso, se les dice que en los primeros dos o tres años no habrá descenso, sino solamente ascenso desde la Primera C, hasta completar 20 equipos en la B. Esto debería ayudar a bajar la tensión.
¿Cómo decidir qué equipos comenzarán la liga de la Primera C? Primero, filiales de los 20 equipos de la A y los 16 de la B, una diferencia con la Argentina, que aquí está justificada. Segundo, un campeonato de cuarta división para ganar cupo en la Primera C entre los 24 equipos aficionados de la categoría A de la Supercopa Juvenil de la Federación, los 146 de la categoría B de la misma Supercopa, los equipos de departamentos no representados (para no tener problemas con Cristancho) y los equipos de regiones afro (ídem con Murillo), siempre que cumplan unos requisitos financieros, administrativos y deportivos.
Muchos consideran que los filiales de los 36 equipos profesionales también deberían competir en la cuarta división para ganar cupo en la C. La respuesta de algunos perspicaces que aspiran es que los dejen porque atraen taquilla (Alianza Platanera de Urabá versus Atlético Nacional o América llena el estadio de Turbo, por ejemplo). La contrapartida es que los equipos filiales no podrían ascender, pero los equipos padres podrían recibir incentivos por desempeño de sus filiales.
Los requisitos financieros y de organización para competir en la cuarta y la tercera división son ámbito de la reforma de la Ley 1445/2011, que regula la organización de los clubes con deportistas profesionales. Una primera cuestión es decidir si se privilegia o no que los nuevos clubes sean sociedades anónimas, sin eliminar la opción de corporaciones o asociaciones deportivas.
Una segunda, revisar la barrera financiera de entrada para los equipos como sociedades anónimas, que hoy está en 1000 salarios mínimos, o definir su gradualidad. También el carácter profesional o semi-profesional (en función principalmente de la proporción de jugadores con contrato) para efectos de la inspección, vigilancia y control que hace el Estado. Y las condiciones de uso de los estadios para asegurar que los municipios tengan una participación y que estén al servicio de una política de Estado sobre el fútbol.
Naturalmente, el ministro Lucena tendrá que liderar la discusión de aspectos más sensibles de la organización del fútbol, como que los derechos de televisión de la A y la B co-financien la C, siguiendo el ejemplo de Argentina. La Primera C podrá ayudarse también con derechos de tv propios, como en otros países. Además, Lucena ha hablado de apoyo fiscal, lo que elevará su voz.
La Primera C profesional o semi-profesional traerá una cuarta división con ascenso, lo que en conjunto producirá una revolución positiva en el fútbol profesional, el fútbol aficionado, la economía local, las oportunidades sociales y de ingresos, la formación del carácter de una parte de los jóvenes, y en últimas, soportará la aspiración del alma colombiana de ser una potencia futbolística mundial.
Se dice que la discusión y negociación no será fácil con la dirigencia del fútbol. Es probable, pero eventualmente se resolvería con una visita de presidente Duque y el mindeporte a Zúrich, a la sede de la FIFA, acompañado de congresistas y de las cabezas de las asociaciones nacionales de actores del fútbol, como la de futbolistas profesionales (Carlos González Puche), entrenadores (Víctor Hugo Castrillón), árbitros (Jesús Díaz), exfutbolistas profesionales (Hugo Galeano), futbolistas mujeres (Sandra Sepúlveda), presidentes de ligas departamentales, y de organizaciones afros de la Alianza por la 1C, como Fundación Color de Colombia (con su vocero experto y agente FIFA , Luis Felipe Posso), y también de organismos judiciales para ciertos detalles.
Nadie querrá llegar a esos extremos.
@DanielMeraV
