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Francisco Piedrahita, singular

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Daniel Mera Villamizar
06 de abril de 2026 - 05:04 a. m.
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Una vida que dejó huella en personas, la educación y la esfera pública.

Para muchos de quienes se cruzaron en la vida con Francisco Piedrahita fue una bendición y para todos seguramente fue una relación memorable, grata. Con su estatura parecía imponente, pero una vez hablaba se sentía cercano, con su sonrisa y su voz grave y pausada.

Tiempo atrás, un sacerdote basiliano y dos profesores de un colegio del oriente de Cali le hablaron de una bachiller juiciosa que quería ser médica contra todas las posibilidades. Él se encargó de las gestiones y años más tarde firmaría su diploma como rector de Icesi. Pasado un lustro, invitó a la médica a una ceremonia a la que le gustaba ir y le contó la historia.

Cambió vidas al hacer de Icesi una universidad de calidad que acoge generosamente a talentos de cunas desfavorecidas. Con su liderazgo el entorno empresarial se comprometió cada vez más con un proyecto educativo de capital humano a la vanguardia y de integración y movilidad social, un ejemplo para el país.

Francisco Piedrahita consolidó una institución, hoy reconocida nacional e internacionalmente, y le dejó su ADN de puertas abiertas y de espíritu para arriesgarse a la innovación. Era el rector que llegaba temprano un sábado a recibir a estudiantes de colegio, 200 o 20, siempre estaba pensando fórmulas financieras para dar más becas y le tenía un ojo puesto a la oficina de propiedad intelectual.

Así como le interesaban los pájaros, seguía las políticas públicas en educación desde Cali. Con la misma paciencia y habilidad para identificar plumajes, cantos y patrones. De la antepenúltima temporada de avistamiento dejó en La Silla Vacía sus impresiones: le parecía absurdo que se pretendiera dar matrícula gratis a los ricos en las universidades estatales, después de haber pagado colegio caro que les permitía obtener altos puntajes en Saber 11 y desplazar a aspirantes de escasos recursos.

Ese era su talante: no populista, sino serio y consistente. Era una voz oída y respetada en la educación superior. De observación aguda, sin lugares comunes, a veces socarrón, divertido. En comisión de empalme de educación entre gobiernos, en Diálogos de Futuro, en foros de expertos: nunca defraudaba con sus aportes críticos a la discusión.

Era crítico con las ideas, no con las personas, una cualidad escasa incluso entre las buenas personas como él. Eso le ayudaba a tener excelentes relaciones con individuos que entre sí no se toleraban por las ideas. Le fluía un sentido casi paternal con talentos a los que había apoyado, que le permitía seguirlos tratando con cariño en medio de situaciones tensas por iniciativas que chocaban con sus ideas y afectaban potencialmente a la universidad. Para Francisco Piedrahita primero estaban las personas y luego el debate.

Poseía el aura del líder que no está pensando en sí mismo, sino en servir, lo que se veía en lo que hacía. Fue un gran colombiano que construyó nación y ante el cual todos hacemos bien en honrarlo.

@DanielMeraV

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