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Un proyecto moderno no se aprovecha políticamente de atavismos y promueve sociedad civil organizada para disminuir vulnerabilidad.
Hay una visión de la sociedad en la que los hijos de los campesinos no se vuelven pequeños empresarios agrícolas que viven en la cabecera municipal y las comunidades no se transforman en sociedad civil organizada para la consecución de sus intereses.
El progreso consistiría justamente en esos cambios (y muchos otros) entre generaciones, pero los autodenominados progresistas idealizan los estados que deberían dejarse atrás en un cambio social.
Idealizan el campesino atado a la tierra, el atraso cultural de distintos grupos sociales, las comunidades que solamente cuentan con la movilización para defenderse.
Es una visión íntimamente opuesta a la modernidad y a la modernización. Por el contrario, un proyecto de sociedad moderna evitaría aprovecharse políticamente de atavismos y de vulnerabilidades.
El problema es que la política actualmente consiste sobre todo en conseguir votos exacerbando pasiones negativas y ansiedades con promesas de corto plazo, ad hoc, sin proyecto de sociedad.
Una sociedad moderna se caracteriza por una cierta independencia y autonomía de sus grandes ámbitos: la política, la economía, el derecho, el Estado, la sociedad civil, y de eso no tenemos lo necesario en la sociedad colombiana como un todo.
La politización de la justicia, la captura clientelista de áreas e instituciones del Estado y los privilegios tributarios injustificados son ejemplos de ello. Y, especialmente, tenemos una sociedad civil débil, que no hace suficiente contrapeso al Estado y a la política.
En las sociedades de los departamentos del país lo que llaman “diferenciación funcional” es todavía más precaria. En muchos el poder está concentrado, no medianamente dividido por ámbitos. En algunas regiones realmente no hay “élites”.
Allí la política, la mala política tiene un dominio excesivo sobre la sociedad y la economía productiva autónoma es tan escasa que no genera otro poder.
La administración pública no sirve bien al progreso colectivo, el periodismo independiente es casi inexistente y la sociedad civil tiene muy poca división del trabajo para ejercer un control social eficiente.
Conforman un cuadro de una sociedad con escaso desarrollo moderno. En este contexto, las comunidades son los habitantes sin representación política efectiva (una consecuencia de la mala política con los partidos que tenemos), sin instituciones intermedias con algún grado de profesionalización que gestionen diferentes intereses de modo permanente y sin más recurso que salir una parte a las calles por convocatoria de líderes sociales.
A las calles y a veces a las vías de hecho, de forma recurrente, como el agravamiento de las situaciones. Con consignas que frecuentemente poco tienen que ver con la solución de los problemas, en un círculo que no saca de la vulnerabilidad a las comunidades.
Sin embargo, quienes idealizan a las comunidades así entendidas (movilizadas por urgencia), no parecen notar que algo está mal con ellas si siempre volvemos al mismo punto, incluso si el poder político local lo tienen los que convocan las manifestaciones.
Si tuviéramos acuerdo en un proyecto de sociedad moderna a lo ancho del espectro político-ideológico fomentaríamos más la sociedad civil independiente, organizada, empoderada e idealizaríamos menos las comunidades que son síntoma de un problema estructural que debemos resolver.
Pero como algunos creen que les conviene la democracia directa, o creen de verdad en ella, entonces no se cuenta con ellos para este progreso de las comunidades hacia la delegación.
@DanielMeraV
