Balance de dos años del gobierno Petro en el Ministerio de Educación.
En dos años del gobierno Petro van tres ministros de Educación y siete viceministros (cinco de educación superior y dos de preescolar, básica y media). Aun si todos fueran muy buenos para el cargo, sería un problema la alta rotación.
Pero la realidad ha mostrado que la inestabilidad venía con impericia, inexperiencia (y una consecuente falta de coordinación entre ministra y viceministros), es decir, un problema mayor para la orientación y el liderazgo de lo que institucionalmente debe hacer el Ministerio de Educación (por ejemplo, negociar con Fecode).
El lado bueno es que no han podido sacar adelante malas ideas. De Petro: “les solicito a los alcaldes y gobernadores del país alistar lotes con títulos saneados para construir sedes universitarias”, como si bastara la infraestructura física o el criterio principal fuera la disponibilidad de lotes.
De Alejandro Gaviria: “500 mil nuevos cupos en educación superior”, como si lo importante fuera la cobertura por sí misma y no la oferta de programas pertinentes y con calidad. Sin compasión, estaban dispuestos a seguir saturando el mercado laboral con egresados de algunas carreras de la oferta estatal.
De Aurora Vergara: “la universidad en tu territorio”, como si fuera fácil llevar “educación superior de calidad para la libertad y la dignidad” a cualquier territorio (el Catatumbo, por ejemplo) y como si “educación universitaria” fuera lo necesario o conveniente para todos los jóvenes.
Si bien nos hemos librado de iniciativas improvisadas como el proyecto de ley estatutaria de educación, que sofocaba la oferta privada del servicio educativo, también hemos pagado altos costos por cuenta de la impericia y la inexperiencia.
El manejo de la elección de rector de la Universidad Nacional de Colombia sumió a la institución en una crisis, sin solución a la vista, y el caos del nuevo modelo de atención en salud de los docentes, que eliminó el nivel intermedio y centralizó en Fiduprevisora, marcan la calidad de la gestión del Ministerio de Educación (MEN) en este gobierno.
Otras calamidades son connaturales a este gobierno: i) la politización abierta de la relación del MEN con Fecode, que a cambio de apoyo en las calles ha complacido al sindicato en sus pretensiones colectivas, con impacto fiscal notable y ninguno esperable en calidad de la educación.
2) La politización de la relación del MEN con las universidades estatales, a través de los delegados y representantes del gobierno en los consejos superiores universitarios, que no obedecen en su actuación a los intereses de las IES, sino de la agenda política del presidente.
Y 3) el deterioro institucional y técnico del MEN (y de instituciones del sector, como el Icfes), por la búsqueda de lealtad y la ideologización en los cargos de libre nombramiento, que ojalá no se sume al reclutamiento de los que desdeñan las matemáticas en las políticas públicas.
El cambio no ha sido para bien. Un presupuesto incrementado sin criterios de gastar mejor, reproduciendo una composición muy poco óptima, no será una buena herencia.