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Infraestructura escolar y proyecto educativo (de país)

Daniel Mera Villamizar

15 de noviembre de 2021 - 12:00 a. m.

¿Por cada cuántas aulas, lo que medimos y publicamos, vamos a construir laboratorios de robótica o teatrinos?

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Viendo las cosas como vaso medio lleno, el propósito de la jornada única nos puso una meta ambiciosa de construir más aulas desde la década pasada. La entrega de megacolegios todavía produce emoción, aunque ya somos más conscientes de sus aspectos problemáticos. Eso ha sido bueno para la conversación educativa.

Vino la pandemia, los colegios quedaron vacíos y las infraestructuras físicas se deterioraron más rápidamente. Es probable que en 2022 no lleguemos a 1,8 millones de alumnos en jornada única ni a 12.000 aulas nuevas, pero eso es normal. El vaso medio vacío.

La cuestión es que los actuales términos de conversación sobre las plantas físicas de los colegios no son los de un país embarcado decididamente en un proyecto educativo. A nivel micro, de institución, se ve en la poca relación establecida entre la infraestructura escolar y el proyecto educativo institucional (PEI).

El PEI debería moldear el desarrollo de la infraestructura escolar, pero somos un país de ingresos medios-bajos cada vez más endeudado. Nos tocan aulas estrechas hasta para 40 alumnos, y luego no tenemos completo lo básico para un mejor aprendizaje estudiantil: laboratorios de ciencias, salas de informática, bibliotecas, espacios para deportes y artes.

El mantenimiento de la planta física consume un porcentaje elevado de los magros presupuestos de los colegios y en muchos casos el descuido refleja la falta de sentido de pertenencia y de respeto de lo público en los valores inculcados. Las secretarías de Educación poco sobresalen en reparaciones o ampliaciones.

A nivel macro, hablamos de metas de construir 60.000, 30.000 aulas como cajas para meter estudiantes. Pero no hablamos de infraestructuras escolares. ¿Por cada cuántas aulas vamos a construir un laboratorio de robótica, una huerta escolar, un teatrino para los niños de grado transición y primaria, un restaurante escolar? No sabemos.

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Con razón, algunos arquitectos dicen que muchas instituciones educativas parecen más cárceles que espacios para el estímulo del espíritu y la imaginación.

Con un currículo nacional sin tantas asignaturas, los PEI deberían ser a 10 años, concordantes con un plan decenal de educación de mayor jerarquía que el plan nacional de desarrollo de cuatro años, que sirve poco, y con un plan maestro de desarrollo de infraestructura escolar en su núcleo, adaptativo.

Las comunidades alrededor de las instituciones educativas deberían poder no solamente usar espacios de la infraestructura escolar, sino tener un rol en su cuidado a través de las juntas de acción comunal, por ejemplo.

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El estado de los colegios es una variable subvalorada entre los factores para alcanzar una educación de calidad. Hay que crear conciencia de eso en todos los niveles, comenzando por las comunidades educativas.

Este fue un motivo de la jornada presencial con rectores y docentes en el Liceo del Pacífico en Buenaventura, con el arquitecto José Alfredo Soto, exsubsecretario de Educación de Bogotá. Allí la Universidad del Valle tiene una linda oportunidad de hacer algo creador de comunidad, con infraestructura, en vez de un pleito, señor rector Varela.

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Escribí esta columna en Kalunga, un emprendimiento gastronómico que no decepcionará a nadie.

@DanielMeraV

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