De subsidios para estratos 1, 2 y 3 a beneficiar también a quienes no lo necesitan.
Pasó a sanción presidencial el proyecto de ley que establece la gratuidad universal en la educación superior estatal, de iniciativa de la anterior bancada de oposición y alternativa, hoy de gobierno.
Pasaremos, así, de la matrícula cero focalizada en los estudiantes de menores recursos de los estratos 1, 2 y 3 (Ley 2155 de 2021) a una política de gratuidad para todos, esto es, a subsidiar a estudiantes de estratos altos, que no lo necesitan.
El texto conciliado de Cámara y Senado dice que “la política pública de gratuidad en la matrícula será forma progresiva y de acuerdo a la disponibilidad presupuestal, el Marco Fiscal de Mediano Plazo y el Marco de Gasto de Mediano Plazo del Gobierno Nacional”.
Es decir, que el desmonte de la actual política (de aplicación irregular) de cobro de matrícula según la capacidad de pago del hogar dependerá del Ministerio de Hacienda, que debe transferirles a las IES estatales lo que los estudiantes dejan de aportar por matrícula.
Una universidad pública liquida valores de matrícula diferenciales para sus alumnos de estratos 4, 5 y 6. Por equidad social no tiene sentido que hogares que invirtieron en colegios privados de calidad, lo que les permite desplazar a los pobres en la selectividad de la prueba de admisión, reciban educación superior gratis.
La nueva ley acaba ese consenso (tecnocrático, si se quiere) que teníamos, con el apoyo, en su momento, del fugaz ministro de Educación Alejandro Gaviria, es bueno recordarlo para medir cómo el populismo nos permeó.
La progresividad indica que estamos dispuestos a gastarnos la disponibilidad presupuestal que se encuentre en volver universal la “matrícula cero”, de los que logren entrar a las IES estatales. Porque están los que no logran entrar.
Los adalides del cambio quieren no cobrarle matrícula en la Nacional al bachiller de un colegio de élite y al bachiller de un colegio público, con un puntaje en Saber 11 bajo, le dicen que vaya al Icetex para que pague la matrícula en una universidad privada. Esto es inequidad intra-generacional.
Por economía política, la educación superior conseguirá más disponibilidad presupuestal, como lo ha venido haciendo desde hace varios gobiernos, en perjuicio de la educación que sí debería ser “gratuita y universal”: la inicial, el preescolar integral (desde los tres años), que nos ayudaría mucho a crear una base de equidad amplia en la sociedad.
Una generación, de mayores de 18 años, recibe recursos de todos para sacar rendimientos privados en apreciable medida, y deja a los menores de seis años sin la atención necesaria, donde todos los beneficios son sociales. Esto es inequidad inter-generacional.
Informaron los medios que la ley se aprobó “con pleno respaldo del Senado”. De modo que así estamos: sin discutir lo que merece ser discutido en educación.