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18 Apr 2022 - 5:00 a. m.

Memo para Petro y Uribe sobre bachilleres programadores, currículum y pedagogía

Los dos caudillos coincidieron en una propuesta educativa y dan pie para profundizar en ella.

Ya que estos dos líderes políticos seguirán teniendo gran influencia en el siguiente periodo de gobierno, este es un ejercicio con el ánimo de sensibilizarlos (y a sus bancadas en el Congreso) sobre aspectos implicados (e inadvertidos) en la propuesta de bachilleres programadores en computación.

Los dos mensajes centrales para la clase política que legisla son: i) es urgente parar la adición (bienintencionada) de asignaturas por ley y adoptar un currículo nacional básico; y ii) la pedagogía en las instituciones educativas oficiales requiere avanzar hacia un mínimo de personalización para desarrollar los talentos naturales, no pretender dictar vocaciones u oficios.

Estos dos cambios, comunes en muchos países, tendrían un impacto profundo en la educación colombiana, pero primero hay que “venderlos” en el Congreso. E intentar persuadir a líderes de bancadas ayuda.

1) Las dos propuestas no son iguales, pero tienen el mismo espíritu. Petro propone “poner como materia de pensum, en los dos últimos años de la secundaria, el desarrollo de programación para computadores”.

El proyecto de ley del CD habla de la enseñanza obligatoria en educación preescolar, básica y media de “conocimientos básicos en informática, introducción a la programación básica de computadores y herramientas de ofimática”.

El Congreso ha venido agregando diversas asignaturas, que no se aplican, entre otras razones porque no alcanza el tiempo en el aula de clases. Dice Julián de Zubiría, quien sin duda será escuchado por la bancada alternativa, que “los estudiantes en los colegios ven hasta quince asignaturas por grado”.

Más que otra materia, lo que se necesita es reordenar el popurrí curricular desafinado, priorizar contenidos y sí, darles un lugar importante a las ciencias de la computación, al lado de las ciencias naturales y las matemáticas. Un cambio propio del siglo XXI que pocos rechazarán.

En ese sentido, la propuesta del CD es más completa, y seguramente recibiría apoyo de las bancadas de la izquierda y el centro. Pero el reto mayor es el currículo nacional, “el centro de todo sistema educativo, que establece los objetivos, contenidos y resultados esperados de la educación, y define la visión y las aspiraciones que un país tiene para sus ciudadanos, su sociedad y su economía” (OCDE, 2016).

Y esa es una discusión fundamental, en la que precisamos un consenso para avanzar, especialmente porque lleva aparejada una política nacional de provisión de textos y materiales escolares, donde —en ciencias sociales o historia— puede haber agrias disputas si no las prevenimos mediante un acuerdo.

Son asuntos delicados que no se debaten, porque inconscientemente preferimos autosabotearnos como país perpetuando la actual situación. “En Colombia NO tenemos un currículo nacional. Si bien hay unos estándares o lineamientos de aprendizaje, no hay una “ruta a seguir” para los maestros sobre cómo enseñar ni cómo evaluar el aprendizaje de los estudiantes”, nos recuerda Sandra García.

En “Defensa del currículo nacional en V Cumbre de Líderes por la Educación” (21/sep/2018), mencioné la resistencia a cambiar la Ley General de Educación, que data de 1994 (!).

2) Las dos propuestas coinciden en un enfoque problemático: no tener en cuenta los intereses de los estudiantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje, un defecto de la pedagogía tradicional. Dice Petro: “Tendríamos 500.000 desarrolladores de programación al final de cada año”. Eso sería como decidir por el 75% de los bachilleres.

El proyecto de ley del CD habla de “programación de computadores como requisito para obtener el título de bachiller”. La intención es buena, pero no se logra por ley, y primero habría que desarrollar en los bachilleres habilidades completas de comprensión de lectura, escritura, numéricas, de razonamiento lógico y creatividad, por no mencionar competencias socioemocionales.

La idea de “producción en serie” de bachilleres programadores en computación choca con la realidad de la escasez de las habilidades previas requeridas y choca con el ideal de una educación que les permite a los alumnos explorar sus intereses y talentos con metodologías activas —no la de receptores pasivos en el aula—, que desarrollan múltiples competencias cognitivas y blandas.

Para un ejemplo, el Gimnasio Moderno, donde una parte de los hijos de la élite bogotana se forma con “pedagogía por proyectos”. Los privilegiados, con educación bastante personalizada y sensible que les saca lo mejor de su potencial; los demás, a producirse en serie con fallas notorias.

Estamos lejos del ideal de la escuela activa, pero por ahora, en cuanto a la formación básica en habilidades de programación computacional, está a la mano la extraordinaria iniciativa mundial de code.org (sí, se nos adelantaron decenas de países).

El próximo gobierno, cualquiera que sea, podría financiar unas convocatorias de experiencias piloto con los recursos didácticos gratuitos de code.org en distintos tipos de entidades territoriales y de instituciones educativas, mientras el Ministerio de Educación Nacional convence al Congreso de una secuencia de reforma educativa, si es que logramos estructurar una discusión política civilizada y con sentido de urgencia nacional sobre la educación.

@DanielMeraV

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