Sin líneas subsidiadas del Icetex pierden los estratos 1, 2 y 3.
Comienza 2025 con una nueva fase en la inequidad financiera en el acceso a la educación superior. Tradicionalmente, frente a bachilleres de una misma condición socio-económica (estratos 1, 2 y 3), a los que logran cupo en las universidades estatales les damos gratuidad (antes “diferencial”, ahora “total”); y a los que acuden a las universidades privadas les ofrecemos deuda con el Icetex, con unas líneas más favorables que otras.
Inesperadamente, el presidente Petro y el ministro de Educación decidieron a finales de 2024 no hacer nuevas convocatorias de las líneas más favorables del Icetex, las de largo plazo con tasa de interés subsidiada y condonación parcial, y tampoco de créditos de sostenimiento. Así, decenas de miles de jóvenes con ganas de estudiar están viviendo un inicio de año de incertidumbre y desazón.
Para entenderlo con un ejemplo: el Icetex y una prestigiosa universidad de Bogotá tienen un acuerdo para facilitar el acceso a un pequeño número de bachilleres de regiones rezagadas, por el cual la universidad otorga media beca y el beneficiario financia el otro 50% con una línea subsidiada del Icetex.
Los aspirantes hacen el proceso de admisión a los programas y de selección para la beca, y el Icetex le informa a la universidad que no puede cumplir el acuerdo y que deben pasarse a otra modalidad de financiación, donde el beneficiario paga el 30 % de lo que le corresponde durante el semestre. Una línea pensada para los estratos 4, 5 y 6.
En esta nueva fase de inequidad, los bachilleres de escasos recursos tienen que endeudarse con el Icetex en condiciones más desfavorables, justamente lo que dice el ministro Rojas que le molesta mucho. La razón que aduce el gobierno es que su apuesta es la gratuidad en el subsector oficial, como si los estratos 1, 2 y 3, a los que pretende defender, no pudieran escoger estudiar en universidades privadas.
Entonces el gobierno prefiere gratuidad total para los que ya están en el subsistema estatal en lugar de ayudar a los que están por fuera del sistema y quieren ingresar. Quiere cambiar el principio de “cada estudiante paga o aporta de matrícula según la capacidad de su familia” (si fue a colegio privado no debe pagar cero en la universidad) por el principio de “todo gratis para todos en el sector público”, lo que quita recursos para subsidiar a los que van a la otra mitad de la oferta.
Por supuesto, la igualdad de trato por condición socio-económica es mejor desde los puntos de vista financiero, social y moral. La fórmula está inventada: el beneficiario devuelve al Estado una proporción de sus ingresos laborales durante cierto tiempo, en lugar de asumir una deuda. El estrato 2 retribuye el 10 % por el doble de tiempo efectivo de la carrera; el estrato 3, el 14 %, por ejemplo (se negocia entre porcentajes y duración del compromiso). Y se hace política redistributiva.
Este “cambio” es otro retroceso. El verdadero cambio exige menos ideología y más pragmatismo.