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Modelos de debate y fines de la educación

Daniel Mera Villamizar

28 de mayo de 2023 - 09:00 p. m.

La brecha de habilidades blandas refuerza la desigualdad y afecta la convivencia democrática.

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La Ley general de educación (115 de 1994, art. 5) enumera 13 fines de la educación. Del ejercicio exótico de ver cómo estamos logrando esos fines y la medición de los mismos, quisiera concentrarme en algunos que requieren valores y habilidades más que conocimientos.

Ya sabemos, por las pruebas estandarizadas, que estamos mal en cuanto a apropiación del conocimiento y a competencias de utilización del conocimiento. La educación que impartimos no logra activar la comprensión que supera la memoria de corto plazo, principalmente por falta de metodologías activas de enseñanza-aprendizaje.

Ahora, preocupémonos también por “la formación en el respeto a los principios democráticos, de convivencia, pluralismo, así como en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad” y “el desarrollo de la capacidad crítica, reflexiva y analítica que fortalezca el avance científico y tecnológico nacional”.

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¿Cómo está fomentando la educación pública dichas formaciones y capacidades? No tenemos un reporte anual. O mejor, ¿cómo puede hacerlo? No basta de un modo teórico o de repetición de cuadernillos. Se requiere también un modo vivencial controlado. Recurrir a metodologías activas.

Unas de estas son los modelos de debate, que suelen usarse en los colegios de alta calidad y no en los oficiales. Con frecuencia, esos mismos colegios privados acuden al aprendizaje basado en proyectos y proporcionan a los alumnos experiencias significativas de formación de competencias cognitivas y blandas o del “siglo XXI”.

La carencia de esas competencias es un serio obstáculo para la movilidad social porque el mercado laboral las está exigiendo (y otros ámbitos también).

¿Por qué no probamos las pedagogías que se ha demostrado que funcionan en los mejores colegios? Por ejemplo, el Modelo de Naciones Unidas (MUN), tal vez el más reputado, ayuda a consolidar valores y competencias que necesitamos para la convivencia democrática afincada en el pluralismo y la tolerancia.

“Descentrarse” y asumir la representación de un país con cuyas posturas no se está de acuerdo lleva a una reflexión moral que puede entrenar en matices y prevenir radicalismos. Además de ampliar la visión del mundo, los MUN desarrollan habilidades profesionales, sociales y personales indispensables para la vida.

Como los MUN (simulación de organismos y comités de Naciones Unidas) son en cierta medida exigentes, los colegios pueden valerse del Modelo de Debate Karl Popper, más sencillo, donde dos equipos de tres integrantes defienden posiciones enfrentadas (sí versus no, a favor vs en contra, también bajo reglas).

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Los docentes de ciencias sociales tienen un reto.

@DanielMeraV

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