Sí en preescolar y no en básica. Su idoneidad depende del objetivo de política educativa y de las condiciones de cada subsector.
Uno de los problemas para que se fortalezca un reformismo colombiano es que existe un notable divorcio entre la política electoral y la política pública, observable de dos modos: i) con frecuencia, lo que se dice en campaña no es lo que se hace en el gobierno, y ii) a menudo, no importa si lo que se propone en la política se puede implementar desde el Estado.
Tampoco tenemos masas críticas de opiniones calificadas por sectores que influyan en las propuestas de los políticos. “Primero ganamos y después vemos qué hacemos”, es la consigna. “Después” hay un factor grande de improvisación y se llega a descubrir que la administración se traga fácilmente cualquier propósito de reforma.
Eso puede ocurrir al tiempo que “la cultura se come a la estrategia en el desayuno”, como acuñó Peter Drucker. Los partidos están para resolver los problemas que impiden el progreso de la sociedad, con una u otra orientación, pero no lo saben hacer. Se dedican al asunto de las elecciones y ni proyecto de tecnocracia tienen.
Es la política en un estadio de subdesarrollo que poco le sirve a un país, y me resisto a convivir apacible o resignadamente con ella. Es lo que pienso cuando me hacen preguntas difíciles por haber dirigido el empalme de educación del gobierno Duque electo. Estas semanas el tema ha sido el de los vouchers educativos que se sugieren en la propuesta de referendo.
Comienzo por aclarar que no fui consultado y que mi respuesta es “depende” del objetivo de política educativa que se asigne a los vouchers o bonos (darle el dinero al hogar para que escoja institución educativa).
Si el objetivo es aumentar cobertura, como lo fue en la experiencia que tuvimos de 1992 a 1998 en 20% de municipios, la aproximación es un “sí” para preescolar y un “no” para básica y media. En preescolar hay poca oferta estatal, más oferta privada y baja cobertura. Si se regula y vigila la oferta privada, probar los bonos allí tendría un gran impacto de cobertura y equidad.
En básica y media si el objetivo es cobertura, especialmente en la media, los bonos no serían buena idea porque se puede aumentar matrícula con los docentes oficiales actuales, el gasto más importante, a los que no se puede despedir. Entre 2010 y 2017 la matrícula se redujo en 773.448 cupos y la nómina docente, estable.
Si el objetivo es calidad al introducir competencia por la financiación pública, el instrumento seguro son los colegios en concesión, con efectos probados más profundos y robustos que los vouchers. La matrícula contratada con privados (a 2017, cerca de 300.000 alumnos) y la matrícula contratada con privados pero en colegios oficiales (330.000 alumnos en 2017) son muy distintas de los colegios en concesión.
Si el objetivo es movilidad social, la respuesta es sí a los bonos, con dilemas morales y de política pública. Se puede abrir una vía para que niños sobresalientes de escasos recursos vayan en sexto grado a colegios privados que los potencien, pagándole también el costo de oportunidad al hogar —además de la matrícula y gastos asociados—, lo que volverá costoso el programa y de alcance limitado, pero potencialmente estratégico. Perú lo ha ensayado con colegios especiales, no con bonos.
Ahora, si el objetivo es resolver un problema con contenidos o enfoques sesgados en algunas asignaturas en el sistema escolar, la solución pasa por currículo nacional y política de (entregar) textos escolares a todos los alumnos, dos necesidades urgentes para la calidad y la equidad en la educación. Además, los vouchers lo que lograrían es que la pequeña fracción de estudiantes que los tome vaya a escuchar el mismo sesgo en colegios privados.
En suma: si se quiere meter la educación en un referendo, preguntas sobre educación obligatoria desde los tres años, privilegio fiscal para la educación inicial, riesgo compartido en la financiación de la educación superior, tienen más alcance estructural. Las posibilidades técnicas de los vouchers son un tema que se puede manejar desde el gobierno.