Una medida para impulsar cualificación del personal que atiende a la primera infancia y otra para propiciar proyectos pedagógicos a mínimo tres años.
La creación de la oferta de un preescolar integral es una oportunidad de poner en práctica el postulado constitucional de “El Estado, la sociedad y la familia son responsables de la educación” (artículo 67). El componente sobre el que menos énfasis y desarrollo conceptual tenemos es “la sociedad”, principalmente porque nos domina un pensamiento “Estado-céntrico”.
Las soluciones de política pública serían más innovadoras si entendiéramos la Sociedad al nivel del Estado y escribiéramos la palabra con S mayúscula, como decía con sorna Fernando Uricoechea en clase de sociología. Fecode, por ejemplo, es un vocero del pensamiento Estado-céntrico. Le ha hecho firmar por lo menos a los dos últimos gobiernos lo siguiente:
“Se garantizará una educación preescolar de tres grados integral y de calidad en instituciones educativas oficiales, con planta docente oficial” (Acuerdo colectivo de 2019).
Naturalmente, hay un interés gremial de contar con más afiliados al sindicato, pero también creen que el interés general se satisface mejor con la oferta estatal que conciben (instituciones y docentes oficiales). Y eso es muy discutible, aunque se pretenda cancelar la discusión mediante un acuerdo extralegal soportado por la fuerza (de los paros docentes).
La creación del preescolar integral es justamente una oportunidad para probar decididamente principios de política que no han tenido mayor chance en la educación media y la superior: i) lo que hace el carácter público de la oferta es la financiación, no la prestación (casos educación contratada, colegios en concesión y operadores de ICBF); y ii) prima el acceso sobre la naturaleza pública o privada de la oferta (hipotéticamente, bonos para jardines infantiles).
El primer problema es que no reconocemos igual legitimidad a las instituciones no estatales y el trato “de segunda” que se les da las mantiene muy por debajo de su potencial de desarrollo y contribución. Si ampliáramos nuestra visión para elevar la responsabilidad de la sociedad en la educación, no haríamos ciertas cosas. Por ejemplo, con los operadores del ICBF.
Ciertamente, hay un interés de la política clientelista y corrupta en tener a los operadores de ICBF haciendo contratos cada año y en dejar a muchos contentos con el reparto de la torta, pero también ven a esas instituciones sin fines de lucro como simples instrumentos pasajeros de intereses particulares y no como proyectos valiosos para el interés general o social. Las decisiones y diseños que se adoptan por esa visión estrecha reproducen lo malo de tal política.
Los costos resultantes para el país son grandes, aunque bastante inadvertidos. Podríamos avanzar en cobertura de preescolar integral (especialmente prejardín y jardín) si implementamos dos medidas con las modalidades institucional y tal vez comunitaria del ICBF: i) un sistema de habilitación de agentes educativos de primera infancia basado en prueba estandarizada de competencias (cuya aprobación sea requisito para ser empleado por operadores); y ii) contratos a tres años para oferentes con proyectos pedagógicos de preescolar calificados por criterios de calidad. Si este cambio se hace gradual y voluntario, pero con incentivos para acogerse a la nueva política, ganaríamos mucho terreno mientras se resuelve la financiación y la concertación de una “política de Estado” de preescolar.
Claro, para mejorar la cualificación del personal que atiende a la primera infancia (vía sistema de habilitación y otras), en particular a los niños de 3 y 4 años, ayudaría bastante saber qué queremos que aprendan los niños, tener un currículo básico común, como en tantos países, y eso nos lleva al rol rector del Ministerio de Educación y, más allá, a unas definiciones fundamentales del proyecto de sociedad.
Hoy los hijos de las familias con buenos ingresos y educadas adquieren a edad temprana una variedad de competencias y aprendizajes impresionantes; los hijos de las demás capas sociales, bastante menos, poco, muy poco o nada. La educación preescolar es para que todos tengan unos desarrollos tempranos comunes que inciden en el resto de la vida. (Aquí mi “Defensa del currículo nacional en V Cumbre de Líderes por la Educación”).
El tema de la financiación queda para una tercera entrega de “Preescolar integral: insumos para un cambio pendiente”.