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Más allá de la desazón de una parte del país, se viene una recomposición ideológico-política.
La desolación esta vez es mayor porque se trataba del “ahora o nunca” para unos y del “no perder a Colombia” para otros. El discurso del candidato ganador pudo ahondar o disminuir la sensación de hundimiento o tristeza del lado perdedor, pero no desvanecerla.
Si el presidente es Rodolfo Hernández, millones de seguidores de Petro recaerán en una desconfianza profunda en la democracia colombiana. Para muchos será una desilusión existencial.
Si el presidente es Gustavo Petro, millones de electores de Rodolfo Hernández dejarán de pensar en él como un líder para contener el desastre que temen y se sentirán más expuestos al riesgo.
Pero más allá de la desolación, lo que sigue es la construcción política del nuevo gobierno y la reconstrucción política del espectro perdedor.
Si el presidente es Petro, la derecha y la centro-derecha tendrán un reto de supervivencia complejo porque la estrategia del nuevo gobierno los diezmará en el Congreso y les quitará bases populares con mayores subsidios o transferencias monetarias no-condicionadas.
No hay “duquismo” después del uribismo, y la reconstrucción o reconfiguración intelectual, ideológica y política de la derecha y la centro-derecha no tiene líderes viables a la vista con ideas renovadoras, que es en realidad el signo de derrota más profundo.
Si el presidente es Hernández, la izquierda buscará hacer oposición, aun si el ingeniero hace un gobierno ecléctico (nombra a William Ospina como ministro de Cultura y apuesta por el proteccionismo, por ejemplo).
La centro-izquierda entraría al gobierno porque la alternativa de poder la tiene copada Petro y no valdría la pena seguir en el limbo (Fajardo, Robledo y Cristo volverían a hablar con Hernández).
En el caso de ser ganador Petro, la construcción de unas mayorías en el Congreso dominará la agenda política. La coalición de gobierno necesitará de otros partidos y la pregunta será cómo conseguirá sumarlos y para pasar qué iniciativas (de las tantas que ha anunciado el caudillo).
Si el ingeniero es presidente, es probable que el comité asesor de empresarios o su instinto de supervivencia le aconseje asegurar la gobernabilidad para cualquier cosa que finalmente decida hacer.
Dependerá de la sapiencia y de la habilidad del ministro del Interior armar una coalición de gobierno y lograr que el presidente controle las descalificaciones sumarias y desista de mecanismos extrainstitucionales de persuasión de los congresistas.
Pero diríase que podría alcanzar mayorías para pasar lo indispensable en el Congreso, sin tener que pagar para “correr un poco” posiciones ideológicas de congresistas, como en el caso de Petro presidente.
Esta columna se escribe el viernes, dos días antes de las elecciones, y sale publicada el lunes, al día siguiente de estas. Difícil escribir de otro tema y difícil anticipar las circunstancias de los hechos.
Hasta aquí nos trajo nuestra democracia y hay que aceptarlo, con resignación o euforia.
