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30 May 2022 - 5:00 a. m.

Reforma educativa, ausente del debate presidencial

Hasta ahora, la campaña presidencial no ha servido para crear conciencia sobre la necesidad de una “reforma educativa”. Se propone más gasto y metas, pero no el cómo, tampoco su alineación con otras necesidades del país ―competitividad, productividad, no solo equidad― y menos su sostenibilidad ―comenzando por la financiera―.

Es cierto que las reformas institucionales del sector pueden ser impopulares en una campaña. Por ejemplo, la revisión del esquema de remuneración de las publicaciones de los docentes en las universidades estatales, tan asiduo de la franja de noticias de corrupción. Es mejor prometer un aumento sustancial del presupuesto de la educación superior sin advertir que se debe “gastar mejor”.

Las reformas macrosectoriales pueden sonar abstractas y hacer evidentes los dilemas de financiación. Por ejemplo, la educación inicial requiere delimitar las responsabilidades del ICBF y del Ministerio de Educación Nacional (MEN), para poner a este efectivamente a cargo del preescolar integral desde los tres años, con una transición.

Eso llevaría a mostrar que la atención a la primera infancia está sin recursos seguros (lo que incumbe al Sistema General de Participaciones) y que la forma de delegar la operación del ICBF es insostenible. Las promesas para millones de niños y niñas dependen de encontrar soluciones a arreglos y diseños complicados o desafortunados.

No meterle el diente al Sena nos va a seguir costando para la productividad. En este periodo no produjo las noticias escandalosas del anterior y eso fue un primer paso valioso. Ahora necesitamos discutir si con los mismos recursos y otro diseño, no monopólico, podríamos cumplir mejor unos determinados objetivos de la formación técnica y tecnológica.

El Sena tiene un enorme peso en la educación media (vía articulación con grados 10 y 11) y en la oferta de educación posmedia, pero está en la órbita del Ministerio del Trabajo, no del Ministerio de Educación. Ya hace bastante tiempo no ha habido una misión de estudio sobre el Sena, al menos para emitir la señal de ser conscientes de que no se debe seguir pensando autárquicamente.

Admitamos que estos temas no son “vendedores” ―que ya los políticos no usan la atención que reciben para instruir o educar, sino solamente para cautivar sentimientos e ilusiones―, pero podrían referirse a cuestiones básicas como: ¿Qué está fallando en nuestra educación? ¿Por qué estamos graduando bachilleres que son analfabetas funcionales y cómo vamos a parar esto”?

La educación tradicional se volvió una fuente de desigualdad que no se resuelve de fondo con transferencias monetarias. Los niños de clases medias-altas y altas no están recibiendo educación tradicional.

Con todo respeto, ya avanzamos bastante en las condiciones salariales y laborales de los docentes, y es hora de poner más el foco en el trabajo docente mismo, en lo que pasa en el aula, en la pedagogía (claro, también en el currículo), en el aprendizaje, en la evaluación estudiantil que puede estar perjudicando el aprendizaje, en la evaluación docente. Seguir cautivando los intereses de los docentes no está ayudando mucho a los niños.

Los asesores publicitarios podrían buscar palabras para decir más cosas acuciantes y no solo lo del hambre.

@DanielMeraV

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