Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
La psicología de retrotraerse a la esclavitud daña las relaciones del presente.
La columna “Yerry Mina: por esto nos dolió lo que te hizo Álvaro Uribe” permite diseccionar un ambiente nocivo creado en torno al tema racial.
Primero: ¿qué fue lo que le hizo el expresidente al futbolista? Una demostración de dominio de montar a caballo consistente en girar en torno a una persona manteniendo una mano sobre la cabeza de ella, la misma que le hizo a Su Alteza Real Letizia de España hace lustros y a cuantos lo visiten en la hacienda y lo cojan con ganas de descrestar.
¿Por qué es distinta la valoración del acto si es con una persona de tez blanca o con una de tez oscura? Es una buena pregunta que no responde explícitamente la columnista, pero sí de modo implícito, como veremos.
Segundo: ¿estaba en situación de indefensión Yerry Mina y Uribe abusó, como se sugiere (“te hizo”)? A los adalides de la autopercepción parece no importarles cómo se sentía el futbolista. Un hombre fogueado en varias culturas, héroe nacional en sus momentos, rico filántropo e inversionista, tal vez se sintiera como la princesa de Asturias Letizia, no como un ser vulnerable.
¿Por qué tomarse la atribución de describir y juzgar la subjetividad de alguien sin considerar sus razones y su autonomía? La superioridad moral que supone esa atribución, ¿de dónde provendría y cómo se legitimaría?
Según la columnista, Edna Liliana Valencia, a Yerry Mina lo “pisotearon vilmente sin que se diera cuenta”, un inconsciente de su realidad al que “redujeron al lugar de peón, mascota, buen esclavo”, “ese que se ríe cuando lo maltratan y sabe ocupar muy bien su lugar de lacayo”. Toda esa violencia moral porque lo rondaron con un caballo como a la reina Letizia.
Evidentemente, en este caso, el significado del acto no está en el acto mismo (como sería apuñalar a alguien), sino en la cabeza o en el espíritu de quien lo interpreta. Si es con un blanco, normal, sin comentarios; si es con un negro, a algunos se les dispara la psicología del trauma revivido o recuperado de la esclavitud.
Quieren que el marco mental, cultural y espiritual de los afrocolombianos en su relación con la sociedad se retrotraiga a la época de “africanos rebeldes que nunca se arrodillaron frente al esclavista”. El “alma cimarrona” que le reclama a Yerry Mina se refiere a los esclavizados que “escapaban hacia los montes o las selvas para conformar comunidades libres”.
Al retrotraerse tres y dos siglos desprecian moralmente a la mayoría de descendientes de africanos que obtuvieron su libertad por vías distintas al cimarronaje, dentro de la sociedad mayoritaria, al punto que cuando se abolió la esclavitud (1851) la manumisión había dejado una proporción menor de esclavizados.
Creen ser los cimarrones del presente, en un pedestal moral de rebeldía, y a Yerry Mina y a millones nos reclaman no haber “abierto los ojos de la prietitud” (que ellos definen) y que si alguien va a la hacienda de Uribe es como ir a una hacienda esclavista. Y esta psicología que nada en las redes sociales la quieren llevar a las aulas con el nombre de “antirracista”.
